En el sur de Chile, la economía circular dejó de ser un concepto para convertirse en una práctica concreta. La valorización de la conchilla del chorito es hoy un ejemplo de innovación, eficiencia y visión de largo plazo en la mitilicultura.
El desarrollo tecnológico en Calagro combina experiencia local y conocimiento acumulado con soluciones observadas en otras partes del mundo. Una mezcla entre saber hacer y exploración permanente de nuevas tecnologías que permitan mejorar procesos, reducir impactos y aumentar eficiencia.
En VC Magazine entrevistamos al gerente general de Calagro, Rodrigo Alvarado quien comenta que Calagro “es una combinación entre los conocimientos previos que tenemos como equipo y las tecnologías que se han desarrollado fuera de Chile. Siempre estamos mirando qué se puede mejorar, especialmente en procesos como el secado y la molienda, para hacerlos más eficientes y estandarizados”, explica Rodrigo.
La innovación no se limita a un solo material ni a una sola industria. Calagro integra el grupo Resiter, que opera otros centros de valorización en distintas regiones del país y en otros mercados de América Latina. En Santiago, por ejemplo, una de sus empresas trabaja con residuos orgánicos provenientes de alimentos que no pueden ser comercializados.
“Esos alimentos llegan a nuestros centros de valorización y se transforman en dietas para animales. No se pierden, se valorizan”, comenta Alvarado, reforzando la idea de que la economía circular no responde a un único modelo, sino a múltiples soluciones adaptadas a cada realidad productiva.
Desde una mirada económica, la sostenibilidad suele ser percibida como un costo adicional. Sin embargo, la experiencia de Calagro muestra un escenario distinto cuando la inversión se planifica con criterio y visión de mediano plazo.
“Si uno mira solo una variable, podría decir que es más caro. Pero cuando se hace bien, se invierte en buena tecnología y se implementa correctamente, en el mediano plazo se vuelve más eficiente y puede incluso tener costos más bajos. Esos menores costos también se pueden traspasar a los clientes”, comenta Rodrigo Alvarado.
Las evaluaciones financieras de estos proyectos suelen proyectarse entre dos y seis años, dependiendo de su escala y complejidad. Un horizonte que permite entender la sostenibilidad no como un gasto, sino como una decisión estratégica.
La relación con la política pública y la regulación es otro eje relevante. El grupo participa activamente en espacios de diálogo, foros y encuentros sectoriales, tanto en Chile como en países donde tiene operaciones, como Colombia y Uruguay. “Estamos regulados por todos los entes que corresponden y cumplimos al cien por ciento en todos los frentes. Pero también vemos espacios de mejora y ahí creemos que el trabajo debe ser conjunto, entre el Estado y las empresas”, afirma Alvarado.
Desde su experiencia, acelerar la transición hacia modelos más sostenibles requiere una mirada sistémica, donde la regulación, la innovación y la colaboración avancen de manera coordinada.
El desafío no es solo tecnológico ni normativo. Es cultural. Construir una organización alineada con la sostenibilidad implica que el propósito atraviese todos los niveles, desde la gerencia hasta quienes operan día a día los procesos.
“El desafío es transmitir estas formas de trabajar en todos los niveles de la organización, que no quede solo a nivel ejecutivo. Que todos hablemos el mismo idioma y entendamos por qué hacemos lo que hacemos”, reflexiona el líder de Calagro.
La formación de nuevas generaciones aparece como una señal alentadora. Una mayor conciencia ambiental, presente desde los colegios, comienza a permear la cultura productiva del país. Sin embargo, el cambio exige liderazgo, coherencia y convicción.
“El cambio climático es evidente, sobre todo acá en el sur de Chile. Lo vivimos todos los días. Por eso el mensaje es hacerse cargo hoy, pensando en el planeta que queremos dejar a futuro”, sostiene. Desde este territorio, el llamado es claro para las empresas que aún dudan en avanzar hacia la economía circular. La clave está en hacer las cosas bien, con rigor técnico, respeto por las comunidades y una visión de largo plazo.
“Nos enfocamos en cumplir con la ley, con los vecinos y con nuestros clientes. Ese es nuestro sello”, concluye Rodrigo Alvarado.
En la Región de Los Lagos, la conchilla del chorito ya no es solo un residuo. Es una oportunidad. Un ejemplo concreto de cómo la industria puede transformarse cuando el propósito, la tecnología y el territorio se encuentran.


