«Fundo El Reinal demuestra que la ganadería regenerativa no es una concesión productiva, sino una ventaja competitiva.»
La Patagonia chilena comienza a posicionarse como uno de los territorios con mayor potencial para el desarrollo de proyectos de ganadería regenerativa vinculados a mercados internacionales de carbono. Impulsada por nuevas regulaciones, amplias superficies de pastizales y modelos productivos ya validados, esta actividad podría abrir una nueva fuente de ingresos para los productores, fortalecer la competitividad del sector y contribuir a la acción climática global.
En el sur de Chile, donde las praderas y matorrales cubren el 39% del territorio y se concentra cerca del 40% del ganado bovino nacional, la ganadería regenerativa comienza a posicionarse como una oportunidad de desarrollo productivo y financiero. Impulsada por los mercados de carbono y respaldada por nuevas regulaciones, esta actividad está dejando de ser una práctica de nicho para convertirse en un potencial activo climático de escala internacional.
Así lo plantea la Fundación Cataruben, organización colombiana con más de 13 años de experiencia en proyectos de captura de carbono y trazabilidad climática, que identifica en la Patagonia chilena condiciones especialmente favorables para desarrollar iniciativas asociadas a la generación de créditos de carbono.
Miles de hectáreas con potencial
Según Sandra Duarte, vocera de la organización, el atractivo para inversionistas y desarrolladores radica tanto en la escala del territorio como en el contexto regulatorio que actualmente ofrece Chile.
Gracias a instrumentos como el Decreto Supremo 32-2024 y la Resolución 01185/2026, el país cuenta con un marco institucional que permite avanzar en proyectos vinculados a los llamados ITMOs (Resultados de Mitigación de Transferencia Internacional), mecanismo contemplado en el artículo 6 del Acuerdo de París.
“El futuro que Cataruben ve para la regeneración ambiental en la Patagonia chilena es el de una cartera de proyectos de alta integridad climática, articulada alrededor de 571.396 hectáreas de pastizales con elegibilidad preliminar ya identificadas en cuatro regiones del sur. Eso es un pipeline concreto que estamos construyendo”, señala Duarte.
La organización trabaja actualmente en el denominado Proyecto Sur Regenerativo, iniciativa que busca ingresar al sistema chileno durante 2026. El Gobierno espera recibir consideraciones previas de proyectos que aspiren a participar bajo el artículo 6 a partir de junio de este año, fecha en la que Cataruben proyecta presentar formalmente su propuesta.
“La ventana es ahora”, sostiene la especialista.
Cuando la sostenibilidad mejora la rentabilidad
Más allá del potencial para generar créditos de carbono, los impulsores de este modelo destacan que la ganadería regenerativa también puede mejorar el desempeño económico de los predios.
Durante el evento REGENERA 2026, que se llevó a cabo en junio en Puerto Varas, Cataruben participó en una visita técnica al Fundo El Reinal, experiencia que la organización presenta como un ejemplo concreto de los resultados que puede alcanzar este enfoque productivo.
“El gran mito ha sido pensar que proteger los ecosistemas reduce los márgenes de ganancia. Fundo El Reinal es la demostración viva de que la ganadería regenerativa no es una concesión productiva, sino una ventaja competitiva”, afirma Duarte.
La experta explica que prácticas como el mejoramiento del pastoreo, la reducción de la labranza y el incremento del carbono orgánico en los suelos permiten fortalecer la productividad ganadera al mismo tiempo que generan beneficios ambientales.
“Un productor que adopta estas prácticas está simultáneamente mejorando su suelo, reduciendo costos de insumos y generando activos de carbono transables en mercados internacionales como CORSIA”, agrega.
Según Cataruben, este enfoque cambia la forma en que la industria cárnica y lechera aborda la sostenibilidad, transformándola en una herramienta de competitividad y generación de valor.
El desafío de escalar el modelo
A pesar de las oportunidades, la expansión de estos proyectos enfrenta desafíos relevantes. Para acceder a los mercados internacionales de carbono, los desarrolladores deben demostrar con precisión la captura y almacenamiento de carbono en los suelos.
Esto requiere sistemas de Medición, Reporte y Verificación (MRV) robustos, respaldados por metodologías científicas y plataformas tecnológicas capaces de entregar información confiable a inversionistas y reguladores.
Para Duarte, las principales barreras ya no son técnicas, sino financieras y culturales.
“La confianza es fundamental. Para construirla se necesitan mecanismos de medición rigurosos y estructuras de gobernanza que aseguren una distribución justa de los beneficios”, señala.
La organización ya ha implementado este tipo de modelos en Colombia, trabajando junto a pequeños productores y empresas como LATAM Airlines. El desafío ahora será replicar esa experiencia en la Patagonia chilena y coordinar a productores, inversionistas y desarrolladores bajo un mismo esquema.
“Hemos aprendido que el conocimiento no se transfiere; se coconstruye con quienes conocen el territorio”, afirma Duarte.
A juicio de la especialista, el éxito de la ganadería regenerativa en el sur de Chile dependerá precisamente de esa capacidad de articulación local. Si ello ocurre, concluye, la naturaleza podría consolidarse como uno de los activos más valiosos para el desarrollo económico y climático de la Patagonia.


