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Hotel Bellavista: un modelo de turismo sostenible con raíces en la comunidad

HOTEL BELLAVISTA: TURISMO SOSTENIBLE, INCLUSIÓN TERRITORIAL Y compromiso con el entorno

El Hotel Bellavista en Puerto Varas se ha posicionado como un referente de turismo sostenible y regenerativo en la Patagonia, combinando energías renovables, gastronomía local y un fuerte compromiso con la comunidad y el entorno natural. Bajo la gerencia de José Luis Varela, desde el año 2020, el hotel ha experimentado un cambio estratégico que lo posiciona como un referente a nivel regional en sostenibilidad y vinculación con el medio.

En 2022, el hotel midió por primera vez su huella de carbono, estableciendo indicadores que permitieran diseñar un plan de mitigación con acciones concretas. Entre ellas, se instaló una planta fotovoltaica en el techo del edificio, que hoy entrega cerca del 12% de la energía que consume el recinto. Además, el sistema de aerotermia reemplazó el uso de combustibles fósiles para la calefacción y el agua caliente sanitaria, mejorando significativamente la eficiencia

A nivel de residuos, el hotel compostea el 100% de su materia orgánica en sus amenities. Las sábanas y otros insumos que ya no cumplen su función son donados para darles una segunda vida. Aunque aún se generan unas 20 toneladas anuales de basura destinadas a vertederos, la meta es reducir drásticamente ese número. “El desafío está en seguir educando al equipo interno, a los pasajeros y en mejorar nuestros puntos de acopio”, explica José Luis Varela, gerente general del Hotel Bellavista.

Otro pilar clave es la alimentación. El Hotel Bellavista forma parte del programa 100K, que busca que los alimentos utilizados en la cocina provengan de un radio máximo de 100 kilómetros. Esto no solo reduce la huella de transporte, sino que fortalece las economías locales y rescata sabores del territorio. La carta del restaurante privilegia productos regionales, y se han generado vínculos con pequeños productores y emprendedores. El foco en la eficiencia también alcanza la iluminación. Se han instalado sensores y tecnología domótica en los pasillos y habitaciones, que permiten reducir el consumo eléctrico. El sistema de tarjetas activadoras de energía está en proceso de implementación total. En paralelo, se desarrollan proyectos de tratamiento de aguas grises, mejora de aislación térmica y optimización de procesos operativos.

Pero la sostenibilidad no se agota en lo ambiental. Uno de los grandes logros del Hotel Bellavista ha sido abrir sus puertas a la comunidad. Sus salones, que tradicionalmente eran espacios para eventos privados, hoy se ofrecen para ferias, mercados de emprendedores, actividades culturales y reuniones ciudadanas. “Desde el primer día, quise que el hotel se integrara a la ciudad, que no fuera una burbuja para turistas. Y eso también es parte del turismo con sentido”, destaca Varela.

En esa misma línea, han apoyado el desarrollo de startups turísticas y han compartido su experiencia con otros emprendedores. A través de charlas, mentorías e instancias de colaboración, buscan aportar al ecosistema del turismo sostenible en la región. También trabajan con operadores turísticos locales, con quienes diseñan paquetes que permiten conocer no solo Puerto Varas, sino también los alrededores, desde Cochamó hasta Chiloé. Uno de los vínculos más sólidos que han establecido es con Termas de Cochamó, un proyecto hermano del hotel que busca entregar una experiencia complementaria en la zona. Con una ubicación estratégica —a solo una hora y cuarto de Puerto Varas— estas termas ofrecen una alternativa de bienestar, descanso y contacto con la naturaleza. “Queremos que nuestros huéspedes conozcan la región en profundidad, que vivan experiencias distintas cada día y que sientan que podrían quedarse una semana entera explorando distintos rincones de la Cuenca del Lago Llanquihue.

Para fortalecer la demanda en temporada baja, el hotel ha diseñado atractivas promociones para residentes de Puerto Varas y turistas nacionales. Descuentos de hasta un 50% en días domingo, paquetes con beneficios incluidos —como check-out extendido, espumante de bienvenida, cenas o entradas a centros termales— y alianzas con otros servicios turísticos, han permitido mantener la ocupación y aportar a la desestacionalización del destino.

Actualmente, el Hotel Bellavista cuenta con 69 habitaciones —una menos que en años anteriores tras una remodelación para unir dos unidades— y si bien no contempla una expansión en el corto plazo, sí tiene en carpeta la mejora continua de su infraestructura. El enfoque está en la calidad antes que en la cantidad: mejorar servicios, mantener altos estándares y seguir bajando su impacto ambiental.

En paralelo, siguen promoviendo la medición y compensación de huella por parte de los pasajeros. A través de una calculadora digital, los huéspedes pueden conocer el impacto de su estadía y decidir compensarlo voluntariamente. Pero el objetivo final, aclara el gerente, es que el propio hotel sea capaz de mitigar esa huella con sus propias acciones.

El modelo que ha desarrollado Bellavista se inspira en cuatro pilares que guían cada decisión: comunidad, conservación, cultura y comercio. Esos vértices, inspirados en una fundación africana, permiten un abordaje integral que conecta lo ambiental, lo económico, lo social y lo cultural. Desde la gestión energética hasta la promoción de artistas locales, todo pasa por esa lógica.

El caso de Bellavista demuestra que la sostenibilidad no está reñida con la rentabilidad. Muy por el contrario: ha sido una ventaja competitiva en un mercado cada vez más consciente. Y si bien aún hay desafíos por delante —como reducir el uso del agua, mejorar el tratamiento de residuos o profundizar alianzas territoriales— el camino está trazado.

Hoy, el Hotel Bellavista representa un ejemplo claro de turismo regenerativo, que busca no solo evitar el daño, sino generar beneficios para el lugar que lo acoge. Su experiencia nos recuerda que es posible hacer turismo de manera consciente, responsable y comprometida. Y que cuando el propósito está al centro, cada acción suma. Desde la compostera hasta el restaurante, desde la tarjeta que apaga la luz hasta la alianza con el proveedor rural, todo puede formar parte de una huella que vale la pena dejar, comenta José Luis.