La Cámara Chileno Suiza de Comercio cumple 70 años siendo un puente entre culturas y empresas, con foco en la innovación, la sostenibilidad y el liderazgo empresarial en Chile.
Salmones Austral se convirtió en la primera salmonera chilena con metas climáticas validadas por la SBTi, liderando desde el sur del mundo un modelo de sostenibilidad basado en ciencia, innovación y valor compartido.
En un rincón austral del planeta, donde el mar se encuentra con las montañas y los vientos cargan historias de esfuerzo y resiliencia, una empresa chilena está marcando un hito en la forma de hacer industria. En medio del debate global sobre el cambio climático, el uso de los recursos naturales y el rol del sector privado, Salmones Austral ha decidido no solo adaptarse a los tiempos, sino liderar un nuevo camino: uno que combina ciencia, compromiso y colaboración territorial.
Esta compañía, de capitales chilenos, se ha convertido en la primera del rubro salmonero nacional en validar su estrategia climática bajo la iniciativa Science Based Targets (SBTi), una plataforma que representa el estándar más riguroso en materia de descarbonización corporativa. El proceso no fue simple ni corto, pero sí profundo. Significó revisar cada rincón del negocio, medir su huella, proyectar escenarios y tomar decisiones concretas sobre cómo operar de manera sostenible y medible. “Nos propusimos metas ambiciosas, pero necesarias. Queremos asegurar la viabilidad de esta industria en el largo plazo”, señala Claudio Melgarejo Villarroel, gerente de Administración y Finanzas de la compañía.
El compromiso no es simbólico. La empresa se ha fijado metas claras para reducir en un 56,4 % sus emisiones directas, un 32,5 % las emisiones de la cadena de suministro (alcance 3) y un 39,4 % en uso del suelo hacia el año 2033. Estas cifras fueron diseñadas junto a EDGE Chile, una consultora especializada en sostenibilidad y cambio climático, y posteriormente validadas por la SBTi. Para Jaime Molina Pimentel, subgerente de sostenibilidad y antropólogo de profesión, la ciencia es clave y “nuestro compromiso no es una declaración, es una estrategia de impacto real”. Esta declaración no solo refleja una forma distinta de hacer negocios, sino también una voluntad de influir positivamente en el entorno que habitan.
Y esa voluntad ya se traduce en acciones concretas. En Llaguepe, Hualaihué, dentro de la Región de Los Lagos, la compañía opera la piscicultura de recirculación más moderna de Chile, donde se recicla el 99,5 % del agua utilizada. Allí, en uno de los lugares más prístinos del país, se demuestra que es posible conjugar innovación tecnológica con respeto por el medio ambiente. “Estamos dando un ejemplo de que sí se puede hacer bien. La tecnología ya lo permite y nosotros la estamos aplicando con decisión”, afirma Molina. Esta planta no es solo una instalación de producción, es también un símbolo del nuevo enfoque que busca reducir impactos sin sacrificar competitividad.
La sostenibilidad en Salmones Austral no es un departamento aislado ni un esfuerzo puntual. Es una mirada transversal que permea todas las áreas, desde las decisiones del directorio hasta las operaciones en terreno. Por eso, la empresa creó un comité de sostenibilidad con poder de decisión real, integrado por distintos niveles jerárquicos. “Este trabajo lo hicimos entre todos: desde operarios hasta los directores”, enfatiza Molina. Claudio Melgarejo complementa esta visión con claridad al decir que “nos propusimos como compañía no buscar solo un menor costo financiero. Queremos construir una salmonicultura que sea viable, respetuosa y que genere valor en toda su cadena”.
Ese enfoque ha generado incluso condiciones financieras más favorables, como el acceso a bonos verdes o mejores tasas de financiamiento, aunque ese nunca fue el objetivo. “Lo hicimos por convicción, no por un menor costo financiero”, enfatiza Melgarejo. Lo concreto es que este nuevo modelo les ha permitido no solo avanzar en certificaciones internacionales, sino también reducir el uso de antibióticos, mejorar el bienestar animal y ganar mayor resiliencia frente a fenómenos extremos como lluvias intensas o alzas de temperatura.
El compromiso con la sostenibilidad no se queda en las plantas ni en los informes de gestión. Desde Biobío hasta Magallanes, Salmones Austral mantiene una activa relación con comunidades, proveedores, organizaciones locales y autoridades. A través de espacios de diálogo, educación ambiental y desarrollo territorial, la empresa construye vínculos que van más allá del contrato y el reporte. “Nuestros trabajadores están orgullosos de pertenecer a una compañía con propósito. Y nuestras comunidades valoran que seamos abiertos sobre los logros y también sobre lo que falta por mejorar”, explica Molina.
Un caso emblemático de esta relación es el proyecto de cultivo de algas que impulsa la empresa junto a un grupo de mujeres en Chaicas, una localidad rural del sur del Seno de Reloncaví. Allí, a través de un sistema natural de captura de carbono, se está generando una alternativa sustentable con impacto social, ambiental y económico. “Estamos midiendo el impacto de esas algas y queremos replicar este modelo en otras localidades”, señala Jaime Molina, quien destaca la importancia de estos vínculos en el nuevo paradigma productivo. La estrategia territorial de la compañía se articula en torno a tres ejes: gestión de residuos, gestión del agua y adaptación al cambio climático. Y todo ello, basado en un principio: la corresponsabilidad.
Chile es hoy el segundo país productor de salmón del mundo, y gran parte de esa producción se concentra en el sur austral. Desde ese fin del mundo, Salmones Austral ha decidido liderar una transformación. “Queremos inspirar a otras compañías. No buscamos ser los más listos de la clase, sino crear un círculo virtuoso que involucre también a nuestros proveedores”, plantea Melgarejo. Según datos de la empresa, más del 60 % de las emisiones por kilo de salmón provienen de la cadena de suministros, especialmente de insumos como el alimento. Por eso, trabajan con marcas como BioMar para reducir el impacto en ese eslabón crítico. “Es una cadena. Si nosotros bajamos nuestras emisiones pero los demás no, no sirve. Todos tenemos que avanzar juntos”, enfatiza Molina.
Esta mirada colaborativa y de largo plazo se enmarca en un convencimiento profundo: que la sostenibilidad no es una tendencia pasajera, sino la única forma de proyectar el negocio. En una industria que ha enfrentado críticas por sus impactos, Salmones Austral busca ser parte activa de la solución. “Sí, en el pasado se cometieron errores, pero hoy la realidad es distinta. Tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien y ese desafío lo convertimos en una oportunidad”, reflexiona Melgarejo. Y Molina lo resume con una frase que encierra toda la filosofía de la empresa “queremos cultivar salmones, sí, pero también cultivar bienestar.
Para nuestros equipos, nuestras comunidades y las generaciones que vienen. Este compromiso no es una moda, es nuestro camino para seguir existiendo con sentido”. Desde este extremo del planeta, la compañía no solo exporta proteínas de calidad a más de 50 países. También exporta un mensaje: que es posible producir con ciencia, con ética y con respeto por las personas y el medio ambiente. Que se puede crecer sin depredar. Que es viable sumar valor compartido a lo largo de toda la cadena. Y que cuando la sostenibilidad se convierte en una convicción —y no en una campaña—, es capaz de transformar una industria.
“Somos la primera salmonera chilena con metas climáticas validadas por la ciencia. Pero no queremos ser los únicos. Soñamos con una cadena virtuosa en la que más actores se sumen. Chile puede liderar esta transformación global”, concluye Melgarejo. Y esa invitación, desde el sur del mundo, suena más vigente que nunca.


