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Óscar Berríos Cruzat: “La acuicultura es el futuro… y Chile tiene las mejores condiciones del mundo”

La acuicultura en Chile avanza con innovación y compromiso ambiental de la mano de Óscar Berríos y ScaleAQ, aprovechando las condiciones únicas de la Patagonia para producir salmón de forma sostenible.

En el mundo de la acuicultura, donde conviven innovación tecnológica, ciencia y el cuidado del medioambiente, Óscar Berríos Cruzat lidera la operación de una de las empresas más importantes del rubro: ScaleAQ. Con casa matriz en Noruega y presencia global, la compañía desarrolla soluciones integrales para el cultivo de peces, combinando hardware, software y servicios que buscan hacer más eficiente y sostenible la producción de salmón desde Chile.

Desde Puerto Varas, este Biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica, diplomado en Dirección de Ventas y con estudios de magíster en Acuicultura —además de un MBA en curso, Berríos no solo habla desde la experiencia técnica. También lo hace desde su faceta más personal: es padre de cuatro hijos, pareja y amante de la vida en el sur de Chile.

En entrevista radial con VC Magazine, el gerente comercial de ScaleAQ en Chile nos abre la puerta a su mundo: desde la tecnología que impulsa la salmonicultura hasta la dimensión humana de quienes trabajan en el mar y también en la tierra.

Óscar, para quienes no conocen ScaleAQ ¿cómo describirías el propósito de la empresa en Chile?

ScaleAQ es una compañía global que está donde hay acuicultura. En nuestro caso, nos enfocamos principalmente en salmónidos. Desarrollamos e instalamos jaulas de cultivo, pontones, sistemas de alimentación, pisciculturas, embarcaciones y el software que controla la trazabilidad y la producción. Lo interesante es que no solo vendemos tecnología: la implementamos, damos mantenimiento y adaptamos cada solución a las condiciones de cada país.

Trabajar aquí es como estar en un laboratorio vivo. Siempre buscamos hacer las cosas mejor, más eficientes, más sostenibles y que faciliten la vida de nuestros clientes. Finalmente, se trata de producir un salmón de alto valor nutricional de la mejor manera posible, pensando en el bienestar del pez, en las personas que trabajan en la industria y en el medioambiente.

¿Cómo se traduce eso en la práctica diaria de la acuicultura?

Me gusta hacer un paralelo con quienes tienen mascotas: así como uno busca el mejor alimento y cuidado para su perro o gato, en acuicultura procuramos lo mismo para los peces. Desde que son huevos, pasando por la etapa de alevines, se cuidan todos los detalles: genética, nutrición, condiciones del agua y uso de tecnología para asegurar su bienestar.

Esto no es solo teoría. En terreno, nuestro equipo instala los sistemas, revisa que funcionen correctamente y les da mantenimiento. Queremos que el productor se concentre en lo que mejor sabe hacer: cultivar. Nosotros nos preocupamos de que la tecnología responda y se mantenga a la vanguardia.

La casa matriz está en Noruega, país líder en salmonicultura ¿Cómo se conectan las operaciones allá con lo que se hace en Chile?

Noruega no es nuestra competencia, es un socio. Compartimos desarrollos, aprendemos de sus prácticas y también aportamos desde Chile. Adaptamos tecnologías creadas en Noruega, Escocia, Canadá o Australia a la realidad local, porque las condiciones no son las mismas. No es igual cultivar en aguas de 8 a 10 grados que en 28 o 32 grados. Tampoco lo son las normativas, la logística ni la biología de las especies.

En Chile tenemos una ventaja única: condiciones naturales ideales para la acuicultura. El mar de la Patagonia es uno de los mejores lugares del planeta para producir salmón de forma sustentable.

A veces la opinión pública asocia la salmonicultura a impactos ambientales negativos ¿Cómo responde la industria a eso?

Entiendo que existan mitos y dudas, pero la realidad es que la industria necesita cuidar su entorno para poder existir. Si el medioambiente se daña, no hay forma de seguir cultivando. Y los primeros interesados en mantenerlo sano somos nosotros.

En terreno, quienes más vigilan y protegen el medio son las mismas personas que trabajan en la industria: acuicultores que viajan horas en lancha para alimentar a los peces, técnicos que los revisan uno a uno, operarios que procesan con cuidado cada ejemplar. Hay un compromiso genuino, porque para ellos no es solo un trabajo: es su modo de vida.

¿Cuál es la visión de futuro que manejan en ScaleAQ?

El desafío global es grande: para 2030, la población mundial demandará más proteína de la que la producción terrestre puede entregar. El 75% del planeta es agua, y ahí está la respuesta. El mar es el futuro, y en Chile lo tenemos al frente.

Nuestra meta no es competir por quién produce más, sino contribuir a que el mercado se llene de proteína saludable. El salmón es premium, pero también debemos promover el consumo de otros pescados como merluza o atún. Son alimentos ricos en omega-3, esenciales para el desarrollo humano.

Cerramos la entrevista con la sensación de que en ScaleAQ conviven dos pulsos: el del avance tecnológico y el del cuidado humano. En el sur de Chile, en medio de un paisaje que mezcla fiordos, lluvias y viento, la innovación no se da en laboratorios aislados, sino en pontones flotantes y pisciculturas que respiran al ritmo del mar.

Para Óscar Berríos, ese es el verdadero motor de la industria: ciencia y tecnología al servicio de la vida. “La innovación no sirve de nada si no mejora la vida de las personas y cuida el lugar donde vivimos. En el sur de Chile tenemos el privilegio y la responsabilidad de trabajar con el mar… y eso no se negocia”, argumenta.