Frutillar avanza hacia la sostenibilidad con un plan liderado por Fernanda Piedra, que integra educación ambiental, gestión de residuos y participación ciudadana para proteger el entorno natural y la calidad de vida local.
Desde la Dirección de Medio Ambiente de la Municipalidad de Frutillar, Fernanda Piedra Fuentealba impulsa un trabajo colaborativo que integra educación ambiental, gestión de residuos y participación ciudadana. Su objetivo: que la comunidad viva en un entorno limpio, saludable y consciente de su riqueza natural.
En una comuna reconocida mundialmente por su belleza natural y su vocación turística, el desafío de crecer sin destruir su esencia se vuelve urgente. Fernanda Piedra, abogada de la UC, lidera un equipo que combina ciencia, tecnología y cercanía comunitaria para cuidar humedales, riberas, áreas verdes y reducir el impacto de los residuos en el sector. Con un enfoque práctico y humano, busca que cada habitante entienda que proteger el entorno no es una tarea ajena, sino parte de vivir mejor.
En entrevista en el programa de radio VC Magazine, Fernanda Piedra aborda el impacto local del cambio global, la gestión de residuos y la importancia de la participación ciudadana en la protección del territorio.
Sabemos que llegaste hace poco a Frutillar, pero tu experiencia y compromiso ambiental son evidentes. Cuéntanos ¿cómo fue ese tránsito desde Londres hasta la comuna, y qué aprendizajes te trajiste?
Fue un cambio importante. En Londres trabajé en una tienda “basura cero”, donde todo se vendía a granel. Ahí aprendí que la sostenibilidad se construye con pequeñas decisiones cotidianas. Antes de eso, en Santiago ya me había interesado en reducir residuos, especialmente tras convertirme en mamá y cuestionar el uso masivo de pañales desechables. Descubrí el movimiento Zero Waste y las 5R: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y reintegrar. Aplicar esos principios me ayudó a reducir a la mitad los residuos que generábamos en casa y a crear productos naturales para uso diario. Así entendí que sostenibilidad no solo es ambiental sino también ahorro y calidad de vida.
¿Cómo evalúas la situación ambiental actual del territorio, especialmente en relación al cambio climático?
La comuna ha avanzado con el Plan de Acción Comunal de Cambio Climático (PAC), siendo pionera en la provincia y la región. Allí se identifican las fuentes de gases de efecto invernadero (GEI): el sector agropecuario, principalmente las vacas, aporta unas 100.000 toneladas anuales, siendo un gas 30-40 veces más potente que el CO₂. Luego sigue el transporte con cerca de 60.000 toneladas, el sector energía con 17.000 y finalmente residuos con 4.400 toneladas de CO₂ equivalente. Estos datos nos dan un panorama claro para diseñar estrategias y fortalecer la participación comunitaria que será clave en la actualización de la ordenanza ambiental municipal.
¿Qué rol juega la comunidad en este proceso de protección ambiental y qué desafíos enfrentan para implementar acciones concretas?
La comunidad es fundamental, especialmente en la actualización de la ordenanza ambiental, que debe estar lista para noviembre de este año. La actual, que data de 1991, es muy básica y poco efectiva. Queremos que la nueva ordenanza sea robusta y que incluya mecanismos para proteger infraestructura verde, como humedales y bosques urbanos que hoy están muy desprotegidos. Para ello, haremos talleres con los vecinos para que conozcan, opinen y aporten. Sin participación ciudadana no hay un buen instrumento.
Justamente mencionas humedales. Este año hubo un episodio grave con un humedal rellenado en Frutillar ¿Qué acciones ha tomado la municipalidad?
Fue un daño ambiental significativo. Ese humedal tenía fauna y vegetación vital. Enviamos un oficio a la Seremi y a la Superintendencia de Medio Ambiente para exigir fiscalización y sanciones. Es importante que existan procedimientos claros y sanciones efectivas para evitar que estos daños se repitan. La municipalidad está comprometida con proteger estos ecosistemas.
¿Cómo articula la oficina de medio ambiente su trabajo con otras áreas municipales, como urbanismo, salud y educación?
Es clave el trabajo coordinado. Estamos recién comenzando a afianzar esta articulación, pero la idea es que todas las áreas tengan un sello sostenible. Por ejemplo, trabajamos con la salud para capacitar a funcionarios del hospital en separación de residuos. En educación se hacen capacitaciones en escuelas y jardines. Queremos que todas las decisiones municipales consideren la variable ambiental para avanzar hacia un Frutillar más verde y saludable.
Sobre residuos, ¿cómo está Frutillar en la gestión y reciclaje domiciliario? ¿Hay planes para compostaje o reducción del plástico?
Frutillar generó cerca de 8.500 toneladas de residuos en 2024, pero solo se valorizó un 1,5%, lo que es muy bajo. Hay un punto limpio que funciona muy bien, donde los vecinos pueden llevar materiales reciclables y la comuna participa en la asociación provincial de gestión sustentable de residuos. También instalamos 10 puntos verdes en la comuna y hacemos capacitaciones. Pero sabemos que falta mucho por avanzar, por eso miramos experiencias exitosas como la de Curitiba en Brasil, donde se motivó el reciclaje con incentivos económicos para los vecinos. Estamos explorando implementar algo similar con una empresa que trabaja en ello.
¿Qué mensaje quieres dejar a la comunidad sobre la importancia del cuidado ambiental?
Que cada acción cuenta, desde lo que uno consume hasta cómo dispone sus residuos. Que la participación es el motor para lograr ordenanzas y políticas ambientales efectivas. Que no podemos esperar solo del municipio o el gobierno central, sino que todos debemos involucrarnos para proteger nuestra casa común. Que la educación ambiental es la base para un futuro saludable y justo para todas y todos.


