Creemos que hoy estamos a la vanguardia tecnológica en la gestión de residuos.
La Región de Los Lagos es uno de los polos productivos más dinámicos del sur de Chile. Su matriz industrial está fuertemente ligada a la producción de alimentos, donde destacan sectores como la salmonicultura, la mitilicultura, la industria cárnica y láctea, además de una extensa red de servicios asociados como transporte, logística, procesamiento y turismo. Este entramado productivo no solo genera miles de empleos directos e indirectos, sino que también sostiene el desarrollo económico de numerosos territorios y comunidades del sur austral.
Sin embargo, en medio de los desafíos globales que enfrentan hoy las industrias como la transición energética, la descarbonización y la necesidad de avanzar hacia modelos productivos más sostenibles— en la región ha comenzado a emerger una problemática que hasta hace pocos años permanecía relativamente invisible: la gestión de los residuos.
Durante la última década, el cierre de diversos sitios de disposición final ha generado una presión creciente sobre el sistema regional de manejo de residuos. Empresas y municipios se han visto enfrentados a un escenario complejo, en el que las alternativas para disponer residuos de manera segura y regulada se han reducido de forma significativa.
En algunos casos, la situación ha llegado a niveles inéditos. Camiones cargados con residuos deben recorrer largas distancias y posteriormente ser trasladados por vía marítima hasta la Región del Biobío, donde finalmente pueden acceder a rellenos sanitarios que aún cuentan con capacidad operativa. Este proceso implica mayores costos logísticos, una huella ambiental considerable y una señal clara de que el modelo actual de gestión de residuos requiere transformaciones profundas.
En este contexto aparece el trabajo que por más de 25 años ha desarrollado Rexin en la región. La compañía ha sido parte del ecosistema industrial del sur prestando servicios de disposición final de residuos, pero en los últimos años ha impulsado una evolución importante en su modelo operativo, incorporando tecnologías y procesos orientados a la valorización de residuos y a la economía circular.
A lo largo de este período, la empresa ha invertido en sistemas de clasificación de residuos valorizables, reciclaje de materiales y en procesos de tratamiento de residuos orgánicos destinados a la generación de biogás. El objetivo ha sido avanzar progresivamente hacia un modelo en el que los residuos no sean entendidos únicamente como desechos, sino como recursos que pueden reintegrarse al sistema productivo mediante nuevas soluciones tecnológicas.
Uno de los desarrollos más relevantes en esta línea ha sido la incorporación de una planta de gasificación de residuos, considerada la primera en el país enfocada en el procesamiento de residuos industriales mediante este tipo de tecnología. A diferencia de los procesos tradicionales de incineración, la gasificación utiliza pirólisis para descomponer los residuos en distintos gases combustibles, como hidrógeno y metano, los cuales posteriormente pueden ser utilizados para generar energía.
Este proceso permite no solo reducir el volumen de residuos que finalmente deben ser dispuestos, sino también generar energía a partir de ellos, contribuyendo al mismo tiempo a disminuir emisiones de gases de efecto invernadero y a fortalecer un modelo de economía circular en la gestión industrial.
El desafío actual para la empresa, sin embargo, va más allá de la innovación tecnológica. Hoy la compañía enfrenta un proceso clave para asegurar la continuidad y expansión de su modelo de valorización de residuos: la tramitación de una Declaración de Impacto Ambiental que permita consolidar y ampliar las operaciones asociadas a la gasificación.
Carla Oyarzún Hergutt, gerente comercial de Rexin, explica que este proceso ha sido largo y exigente. Según detalla, los primeros estudios comenzaron a desarrollarse en 2020 con el objetivo de presentar la primera Declaración de Impacto Ambiental ante el sistema de evaluación. Sin embargo, ese proceso concluyó con el rechazo del proyecto en 2023, lo que obligó a la empresa a realizar una revisión profunda de los antecedentes técnicos y ambientales.
«Ha sido un proceso extenso, tanto en tiempo como en recursos. Tuvimos que actualizar informes, desarrollar nuevos estudios y responder observaciones de los organismos evaluadores mediante dos adendas. Hoy estamos convencidos de que esta segunda declaración, presentada en 2025, tendrá un resultado favorable”, explica.
La ejecutiva destaca además que el proceso de evaluación ambiental no comienza únicamente con el ingreso formal de los antecedentes al sistema, sino mucho antes, cuando se inician los estudios técnicos necesarios para respaldar la iniciativa. Considerando ese punto de partida, la empresa ya acumula cerca de seis años de trabajo en el proyecto, plazo que podría extenderse a siete años si se considera el tiempo restante del proceso actual.
Oyarzún señala que uno de los factores que explican la duración de este tipo de tramitaciones es el alto estándar del sistema de evaluación ambiental en Chile, particularmente cuando se trata de proyectos vinculados a la gestión de residuos.
«El sistema chileno es muy exigente, incluso comparado con estándares de países de la OCDE. Además, los proyectos asociados a centros de disposición de residuos son particularmente sensibles dentro del sistema, lo que genera procesos más largos y complejos», explica.
Esta situación ha derivado en que cada vez existan menos centros de disposición final disponibles, lo que genera una barrera importante para nuevos actores que buscan ingresar al sector. Sin embargo, desde la empresa recalcan que la iniciativa que actualmente se encuentra en evaluación corresponde a una modificación de un proyecto existente, y no a un aumento de los volúmenes máximos de residuos autorizados.
El proyecto contempla inversiones cercanas a los 20 millones de dólares destinadas principalmente a incorporar nuevas tecnologías de valorización. Gracias a estas mejoras, una proporción cada vez mayor de los residuos podría ser procesada mediante gasificación u otros mecanismos de recuperación, reduciendo significativamente la cantidad que termina en disposición final.
Durante los últimos diez años, Rexin ha avanzado de manera consistente en esta dirección. Según explica la ejecutiva, la incorporación de procesos de recuperación y valorización de residuos ha permitido reducir en más de un 75% el volumen que anteriormente era enviado directamente al sitio de disposición.
Este cambio no solo permite prolongar la vida útil de los centros de gestión de residuos, sino que también genera impactos positivos en términos ambientales. La disminución de residuos expuestos reduce la generación de olores y la presencia de vectores, aspectos que históricamente han sido preocupaciones relevantes para las comunidades cercanas a este tipo de instalaciones.
«Creemos que hoy estamos a la vanguardia tecnológica en lo que respecta a la gestión de residuos, tanto en la región como en el país”, afirma Oyarzún. Más allá del desarrollo de proyectos específicos, el debate sobre la gestión de residuos plantea también un desafío estructural para el futuro productivo del sur de Chile. La Región de Los Lagos enfrenta una disyuntiva importante: avanzar hacia soluciones tecnológicas y sistemas de gestión más modernos o arriesgar que la falta de infraestructura adecuada termine afectando el funcionamiento de las industrias que sostienen su economía.
El escenario que actualmente se observa en Chiloé —donde los residuos deben ser trasladados fuera del territorio para su disposición final― podría eventualmente replicarse en otras provincias como Llanquihue y Osorno si no se desarrollan nuevas soluciones en el corto y mediano plazo.
Para la industria regional, el impacto de una crisis de residuos podría ser significativo. La falta de infraestructura adecuada no solo incrementa los costos operacionales, sino que también afecta la competitividad y la proyección de crecimiento de sectores clave para el país.
En ese contexto, iniciativas orientadas a la valorización de residuos, la economía circular y la incorporación de nuevas tecnologías aparecen como parte fundamental de la solución. «Lo que buscamos es aportar soluciones al menos en el ámbito de los residuos industriales, pero hacerlo con estándares tecnológicos y ambientales acordes a los desafíos actuales», concluye Oyarzún.
En un escenario donde el desarrollo industrial y la sostenibilidad deben avanzar de la mano, la gestión de residuos se perfila como uno de los grandes temas que marcarán el futuro productivo del sur de Chile. Y en ese desafío, la innovación tecnológica podría transformarse en una de las claves para convertir un problema creciente en una nueva oportunidad de desarrollo.


