«La actividad forestal genera importantes encadenamientos productivos que dinamizan las economías regionales.»
La industria forestal en Chile es uno de los principales motores económicos del país, con un aporte cercano a US$6 mil millones en exportaciones, más de 255 mil empleos y un rol relevante en la captura de carbono. En entrevista con VC Magazine, Rodrigo O’Ryan, presidente de CORMA, analiza la contribución del sector al desarrollo regional, el valor compartido con las comunidades y responde a los cuestionamientos sobre disponibilidad de agua, biodiversidad e incendios forestales.
Con cerca de US$ 6 mil millones en exportaciones, más de 255 mil empleos y un rol clave en la captura de carbono, este sector destaca por su contribución al desarrollo económico y ambiental del país. Su principal gremio, la Corporación Chilena de la Madera (CORMA), responde también a los cuestionamientos sobre el uso del agua, la biodiversidad y los incendios forestales.
Representa cerca del 1,3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y el 6,2% de las exportaciones del país, con envíos cercanos a los US$ 6 mil millones FOB y la celulosa como su principal producto. Genera alrededor de 255 mil empleos directos e indirectos, impacta a más de 3 millones de personas y cumple un rol relevante en la mitigación del cambio climático mediante la captura de carbono.
Esos son algunos de los principales aportes que la industria forestal realiza al país, según destacan desde la Corporación Chilena de la Madera (CORMA), entidad que representa a los principales actores del sector. Una actividad que, al mismo tiempo, enfrenta cuestionamientos por su eventual incidencia en la disponibilidad de agua, la sustitución de bosque nativo y la propagación de incendios forestales.
A continuación, el presidente de CORMA, Rodrigo O’Ryan, responde a estas críticas y detalla los impactos económicos, sociales y ambientales que, a su juicio, la actividad forestal genera en Chile y, especialmente, en las regiones donde desarrolla sus operaciones.
Motor económico sostenible
En primer lugar, el ejecutivo subraya que el sector forestal es estratégico para la economía chilena y que su aporte resulta especialmente relevante en la macrozona sur del país.
“En la Región del Maule, el sector forestal representa el 3,73% del PIB regional, genera cerca de 28.800 empleos directos e indirectos, concentra 159 plantas industriales y aporta el 11% de las exportaciones regionales. En Ñuble, representa el 12,75% del PIB regional y cerca del 11,6% del empleo total. En Biobío, concentra el 8,94% del PIB regional, genera más de 74 mil empleos directos e indirectos y representa el 79% de las exportaciones regionales, consolidándose como una de las principales actividades productivas de la región. En La Araucanía, el sector aporta el 6,13% del PIB regional y el 7,1% del empleo total, mientras que en Los Ríos representa el 8,18% del PIB regional, el 7,9% del empleo regional y el 75% de las exportaciones de la región”, detalla.
Destaca, además, que detrás de la actividad forestal existe una extensa cadena de valor que involucra a contratistas, pymes madereras, transportistas, emprendedores, comercio local y diversos servicios asociados, lo que convierte al sector en un motor de desarrollo regional y en una fuente de oportunidades para miles de personas.
“La actividad forestal genera importantes encadenamientos productivos, tanto hacia atrás como hacia adelante. Esto significa que demanda bienes y servicios de múltiples sectores económicos y, al mismo tiempo, provee materias primas fundamentales para actividades como la construcción, la agricultura, el transporte, la logística y la manufactura, contribuyendo de manera significativa al dinamismo económico regional”, señala.
O’Ryan resalta también que la madera se ha transformado en la base de una nueva generación de productos sostenibles, entre ellos soluciones para la construcción sustentable, embalajes, textiles, biocombustibles, químicos verdes y biomateriales avanzados, muchos de los cuales se producen y exportan desde regiones forestales.
“Estos productos agregan valor, promueven la innovación y diversifican las oportunidades de desarrollo económico”, sostiene.
A ello suma el potencial de la construcción industrializada en madera como una alternativa eficiente y sostenible para contribuir a reducir el déficit habitacional que enfrenta el país.
Relacionamiento comunitario
En lo que respecta a la relación de las empresas forestales con los territorios donde operan, el presidente de CORMA afirma que hoy existe un trabajo cada vez más activo de colaboración con comunidades, municipios, establecimientos educacionales, organizaciones sociales y actores locales.
Según el último reporte elaborado por el gremio, “el sector forestal y maderero desarrolla más de 700 iniciativas de relacionamiento comunitario, beneficiando a cerca de 3 millones de personas en 151 comunas, principalmente de la macrozona sur del país”.
Estas iniciativas abarcan ámbitos como educación, salud, desarrollo comunitario, emprendimiento local, prevención de incendios, fortalecimiento de proveedores y trabajo con comunidades indígenas. También incluyen programas de restauración y protección de ecosistemas, así como proyectos de acceso y uso eficiente del agua.
A ello se suma el impulso a la innovación, la formación de talento y la construcción en madera, promoviendo nuevas oportunidades vinculadas a la bioeconomía y las soluciones sostenibles.
“El desarrollo del sector forestal se construye día a día junto a las personas, en las regiones, con la naturaleza y con los distintos actores que forman parte de este ecosistema productivo y social. Por eso creemos que el desarrollo forestal requiere avanzar de manera colaborativa con las comunidades, fortaleciendo vínculos de largo plazo y generando valor compartido”, declara O’Ryan.
Conflictos por el agua
Uno de los principales cuestionamientos que enfrenta la industria forestal en Chile apunta a que los monocultivos de pino radiata y eucalipto a gran escala reducirían significativamente la disponibilidad de agua en las cuencas hidrográficas, generando conflictos con comunidades rurales que atribuyen a esta actividad la disminución de fuentes y pozos de agua.
Frente a ello, el presidente de CORMA responde: “Existe la falsa creencia de que las plantaciones ‘secan las napas’ subterráneas. Esto es físicamente imposible: las napas están, en promedio, a más de 20 metros de profundidad y las raíces de los árboles rara vez pasan los tres metros. Los árboles se abastecen del agua retenida en los microporos superficiales del suelo, no de los acuíferos profundos”.
Añade que el déficit hídrico en Chile se explica por la megasequía prolongada y por un consumo de agua que se ha triplicado desde 1990 debido al crecimiento demográfico y al desarrollo de las distintas actividades económicas.
Asimismo, sostiene que la evidencia científica —respaldada por estudios de la UNESCO junto a universidades chilenas— demuestra que las masas forestales ubicadas en laderas y zonas altas amortiguan el impacto de las lluvias torrenciales de invierno, ayudando a prevenir aluviones y a proteger los suelos de la erosión. También contribuirían a la recarga de acuíferos al favorecer la infiltración y mejorar la materia orgánica del suelo.
“No regamos nuestros cultivos y gestionamos las cuencas con responsabilidad, alejando las plantaciones de los cursos de agua. Además, entendemos la urgencia inmediata de nuestros vecinos: por ello, trabajamos en un modelo de colaboración activa, apoyando hoy 163 iniciativas de Agua Potable Rural y más de 750 proyectos de captación hídrica”, expone O’Ryan.
Bosque nativo e incendios
El ejecutivo sostiene que la evidencia también contradice otras críticas ambientales recurrentes al sector:
Sustitución de bosque nativo: “La pérdida masiva del bosque nativo original en la zona centro sur de Chile comenzó mucho antes de la llegada de la industria forestal moderna”, argumenta.
Pérdida de biodiversidad: Si bien reconoce que el bosque nativo alberga una mayor diversidad de flora y fauna, sostiene que “las plantaciones contienen significativamente más biodiversidad que las praderas, los terrenos agrícolas o los suelos desnudos”. Además, destaca que funcionan como corredores biológicos y hábitat de transición para especies como pumas, aves rapaces, murciélagos y reptiles.
Propagación de incendios forestales: O’Ryan afirma que los datos de CONAF indican que el 99% de los incendios forestales en Chile tiene origen humano y no guarda relación con el tipo de vegetación presente.
“A igualdad de condiciones de humedad y acumulación de material combustible, el bosque nativo y las plantaciones se comportan de manera similar frente al fuego. De hecho, estudios de inflamabilidad entre especies muestran que el maqui, el lingue y el peumo se inflaman más rápido que el eucalipto”, señala.
Añade que los registros de los grandes incendios ocurridos en las temporadas 2016-2017 y 2022-2023 muestran que la superficie correspondiente a otras coberturas —como bosque nativo, matorrales y pastizales— superó ampliamente la superficie de plantaciones afectadas.
Cosecha a tala rasa y erosión de suelos: O’Ryan asegura que, cuando esta práctica se realiza bajo estándares sostenibles —ordenando los residuos, utilizando maquinaria adecuada, preparando el suelo tras la cosecha y reforestando de manera inmediata—, no genera degradación de los suelos.
“Estudios científicos realizados durante décadas en Chile y Nueva Zelanda demuestran que un suelo forestal manejado con estas buenas prácticas mantiene intactas sus propiedades físicas, su pH y su fertilidad a lo largo del tiempo”, afirma.
Beneficios y proyecciones
En contrapartida, el presidente de CORMA destaca que la actividad forestal aporta importantes beneficios ambientales, comenzando por la captura de carbono.
“El 100% de la captura nacional de CO₂ depende del sector forestal. Sin más bosque, Chile no puede cumplir sus compromisos climáticos”, sostiene.
Agrega que la madera estructural permite almacenar carbono durante largos períodos y reemplazar materiales con una huella ambiental considerablemente mayor, como el hormigón y el acero.
Asimismo, destaca que la biomasa forestal permite producir biocombustibles, bioplásticos, fibras textiles, biomateriales y celulosa de clase mundial, contribuyendo a sustituir productos derivados del petróleo con un menor impacto ambiental.
“Las últimas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) de Chile ya reconocen este potencial mediante una Estrategia Nacional de Construcción en Madera”, afirma.
Reitera también que las plantaciones y el bosque nativo contribuyen a frenar la erosión, regular las cuencas, filtrar el agua y albergar fauna nativa.
El presidente de CORMA subraya, además, que más del 70% de las plantaciones chilenas opera bajo certificaciones FSC o PEFC, consideradas entre los estándares forestales más exigentes del mundo.
Finalmente, plantea que Chile tiene una importante oportunidad para seguir desarrollando una industria forestal vinculada a la bioeconomía, la madera y las soluciones sostenibles.
Para proyectar el crecimiento del sector en el largo plazo, concluye, “es fundamental recuperar la base forestal del país mediante una nueva política de fomento forestal moderna y herramientas de financiamiento orientadas principalmente a pequeños y medianos propietarios, que permitan recuperar suelos degradados, impulsar la forestación y reforestación, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y generar nuevas oportunidades de desarrollo rural e industrial”.


