Revista VC Magazine
Image default
PORTADASALMONICULTURA

AquaChile: empleo local, comunidades y encadenamiento productivo para impulsar el desarrollo desde el sur de Chile

“Por lejos, el impacto más importante es este encadenamiento productivo y la oportunidad de crecer y proyectarte en el tiempo”,

AquaChile busca fortalecer su aporte al desarrollo local a través del empleo, el encadenamiento productivo y la vinculación con las comunidades donde desarrolla sus operaciones. En conversación con Empresas con Valor, Francisco Sandoval, gerente de Comunidades de la compañía, abordó los desafíos de construir relaciones de largo plazo en las cuatro regiones donde está presente, junto con el impacto de sus cerca de 6.000 trabajadores, más de 600 empresas de servicios y más de 3.000 proveedores.

Escucha la entrevista completa

La relación entre una empresa y las comunidades donde desarrolla sus operaciones ya no puede entenderse como una dimensión secundaria de la actividad productiva. Para Francisco Sandoval, gerente de Comunidades de AquaChile, se trata de una construcción cotidiana que requiere presencia, capacidad de escuchar y, especialmente, disposición para generar relaciones de largo plazo.

Escucha la entrevista en YouTube y Spotify

AquaChile desarrolla actualmente operaciones en cuatro regiones del sur de Chile —La Araucanía, Los Lagos, Aysén y Magallanes—, con presencia productiva en 21 comunas. Su trabajo comunitario, sin embargo, alcanza 23 comunas, incorporando también acciones de vinculación en Coyhaique y Punta Arenas, dos capitales regionales donde la compañía considera relevante mantener una relación activa con el entorno.

Esa amplitud territorial implica un desafío que trasciende al equipo especializado de comunidades. Sandoval plantea que los primeros representantes de una compañía frente a su entorno son quienes trabajan diariamente en ella.

“Hoy día en AquaChile somos 6.000 trabajadores. Yo diría que los primeros embajadores de la empresa son nuestros propios trabajadores”, sostiene.

Gerentes de planta, responsables de pisciculturas, equipos de producción y profesionales que desarrollan sus funciones en las distintas localidades interactúan permanentemente con trabajadores, autoridades, vecinos y organizaciones. A esa estructura se suma un equipo de 11 personas dedicado exclusivamente al relacionamiento comunitario y liderado por Sandoval.

La compañía ha definido tres objetivos estratégicos para ese trabajo: contribuir a la continuidad operacional, aportar al desarrollo de las localidades donde está presente y fortalecer la reputación corporativa. Una definición que también revela cuánto ha evolucionado la relación entre empresas y comunidades durante las últimas décadas.

Sandoval lleva 12 años desempeñándose como gerente de Comunidades y actualmente reporta directamente al gerente general. Para el ejecutivo, esta posición dentro de la estructura organizacional constituye una señal concreta de la relevancia que ha adquirido la dimensión comunitaria.

Pero advierte que no existe una fórmula única.

En una actividad esencialmente humana, señala, cada compañía debe encontrar su propio modelo. Algunas entregan mayores responsabilidades comunitarias a sus jefaturas operacionales; otras cuentan con equipos especializados. Más allá de la estructura, existen factores que terminan siendo decisivos: disponibilidad, empatía, capacidad de respuesta y presencia.

“No hay Excel, no hay fórmula mágica. Hay mucho de probar y buen criterio”, afirma.

Esa mirada adquiere especial relevancia cuando la conversación se traslada hacia el impacto económico y social de la salmonicultura. Para Sandoval, la principal contribución de AquaChile a las comunidades no está necesariamente en los programas sociales impulsados por la gerencia que dirige, sino en algo mucho más estructural: el empleo y el encadenamiento productivo.

A los cerca de 6.000 trabajadores directos de la compañía se suma una red de más de 600 empresas de servicios vinculadas a sus operaciones. A ello se agregan más de 3.000 proveedores, desde compañías especializadas hasta negocios que forman parte de las economías locales.

Ese ecosistema moviliza transporte, servicios marítimos, logística, comercio, alimentación y múltiples actividades necesarias para el funcionamiento de la industria.

“Por lejos, el impacto más importante es este encadenamiento productivo y la oportunidad de crecer y proyectarte en el tiempo”, enfatiza Sandoval.

A este aporte se suman los tributos asociados a la actividad acuícola, entre ellos contribuciones, patentes comerciales y patentes acuícolas, parte de cuyos recursos permanecen en las regiones y comunas y pasan a integrar los presupuestos municipales.

La estrategia comunitaria de AquaChile complementa ese impacto económico mediante cuatro grandes líneas de trabajo: desarrollo local, vida saludable, educación y medio ambiente.

En desarrollo local se encuentran iniciativas dirigidas a emprendedores, capacitaciones y uno de los programas de mayor trayectoria de la compañía: su fondo concursable para organizaciones sociales.

El programa cumplió diez años y durante su última convocatoria recibió 1.024 proyectos. Juntas de vecinos, clubes deportivos, organizaciones sociales y comunidades indígenas, entre otras entidades, pudieron presentar iniciativas mediante un sistema que busca mantener una postulación sencilla y accesible.

Luego de una primera revisión interna, 826 proyectos fueron analizados por un jurado que incluyó a representantes de AquaChile y académicos de la Universidad Austral de Chile. Finalmente fueron seleccionadas 70 iniciativas ganadoras, distribuidas desde La Araucanía hasta Magallanes.

Cada organización puede recibir hasta $1.250.000 para ejecutar su iniciativa. De acuerdo con Sandoval, los proyectos seleccionados permitirán generar impacto en más de 29.000 personas.

Más allá de las cifras, el proceso también funciona como un verdadero termómetro de las necesidades de las comunidades.

Entre las postulaciones aparecen proyectos relacionados con acceso y mejoramiento de sistemas de agua potable rural, reparación de bombas, iluminación, cámaras de seguridad e infraestructura deportiva. Necesidades que, en muchos casos, muestran brechas todavía presentes en localidades del sur del país.

“Con poco, las organizaciones pueden hacer mucho”, destaca Sandoval, subrayando que una de las fortalezas del programa es precisamente que las iniciativas surgen desde las propias organizaciones y responden a prioridades identificadas por quienes viven en las comunidades.

La educación constituye otro de los ejes centrales.

AquaChile ha desarrollado programas de becas, especialmente en localidades aisladas donde continuar estudios implica importantes costos personales y familiares. La compañía también participa en instancias vinculadas con la educación técnico-profesional, colaborando en consejos asesores y buscando acercar las mallas formativas a las competencias requeridas por la industria.

Cada año, además, recibe a más de 100 estudiantes en práctica provenientes de universidades, carreras técnicas y liceos técnico-profesionales, generando un primer vínculo entre los jóvenes y el mundo laboral.

A ello se suma una política de puertas abiertas que permite a comunidades y establecimientos educacionales conocer plantas de proceso, pisciculturas y centros de cultivo.

La experiencia, explica Sandoval, resulta particularmente relevante porque permite acercar a estudiantes a sectores productivos que muchas veces conocen solo de manera superficial.

“Cuando la gente visita y conoce la tecnología, el cariño con el que trabaja la gente, el estándar ambiental y los protocolos, sale con una impresión muy distinta”, señala.

En este ámbito, AquaChile ha trabajado durante los últimos dos años con Miselio, iniciativa que desarrolla una metodología de vinculación entre establecimientos educacionales y empresas. El modelo no se limita a una visita industrial: existe un trabajo previo en las salas de clases y posteriormente los estudiantes desarrollan investigaciones, propuestas y proyectos vinculados con aquello que conocieron.

Así, la empresa deja de ser únicamente un lugar que se visita y pasa a transformarse en un espacio desde el cual los estudiantes pueden comprender procesos productivos, innovación, tecnología y oportunidades profesionales.

El bienestar y la vida saludable constituyen otro ámbito de acción. Al interior de AquaChile, Sandoval destaca que la seguridad laboral ocupa un lugar prioritario: reducir la accidentabilidad, fortalecer el autocuidado, entregar equipamiento adecuado y capacitar permanentemente son elementos fundamentales para una actividad que involucra operaciones productivas de distinta complejidad.

En las comunidades, en tanto, la estrategia se concentra principalmente en fomentar la práctica deportiva desde una perspectiva social.

“No es deporte de alto rendimiento. Lo nuestro es que la gente en las comunidades practique deporte”, explica.

Escuelas de fútbol, iniciativas vinculadas al triatlón y distintas actividades comunitarias forman parte de este enfoque, especialmente orientado a facilitar que niños y jóvenes puedan acceder a disciplinas que muchas veces requieren equipamiento o recursos difíciles de financiar para sus familias.

Y existe una cifra que, probablemente, resume mejor que muchas declaraciones la relación que AquaChile busca construir con las comunidades: más del 91% de sus trabajadores vive en la misma región donde trabaja.

El dato permite comprender el efecto multiplicador del empleo local. Un trabajador no solamente recibe una remuneración. Arrienda o compra una vivienda, adquiere productos en el comercio de su localidad, utiliza servicios, consume en restaurantes y participa de la economía regional. El impacto comienza entonces a extenderse mucho más allá de las instalaciones de la empresa.

Por eso, cuando se le pregunta qué espera que una comunidad vea al mirar a AquaChile —una empresa productora de salmones o una compañía que forma parte del desarrollo local— Sandoval rechaza la necesidad de escoger.

Ambas dimensiones, sostiene, deben coexistir.

La compañía produce salmón, pero al mismo tiempo forma parte de las localidades donde desarrolla sus operaciones. Sus trabajadores viven allí, sus proveedores crecen allí y buena parte de su cadena productiva se articula desde el sur de Chile.

El próximo desafío, a juicio de Sandoval, es incluso más ambicioso: que Chile pueda reconocer y valorar a la salmonicultura como una industria propia.

Así como otras actividades productivas han conseguido construir identidad y orgullo en torno a lo que producen, el ejecutivo aspira a que algún día ocurra algo similar con el salmón.

“Me encantaría que el día de mañana los chilenos, la gente del sur, dijeran: acá producimos el mejor salmón del mundo”.

Una aspiración que plantea una discusión que va más allá de una compañía. Porque construir una industria reconocida no depende únicamente de producir, exportar o crecer. También exige generar confianza, escuchar a las comunidades y demostrar que el desarrollo empresarial puede traducirse en oportunidades concretas para las personas que viven en los lugares donde ese crecimiento ocurre.

En esa relación —entre empresa, trabajadores, proveedores, comunidades y sector público— se juega buena parte del desafío futuro de la salmonicultura chilena: crecer formando parte del desarrollo del sur de Chile y no simplemente desarrollando su actividad en él.