En la Región de Los Lagos, donde la salmonicultura forma parte de la identidad productiva y social, una empresa decidió dar un paso adelante en un ámbito que hasta hace poco parecía lejano: el bienestar animal en los peces.
El bienestar animal en la salmonicultura chilena dejó de ser un tema secundario: Cermaq Chile se convirtió en la primera empresa en obtener la certificación internacional Certified Humane, abriendo un nuevo estándar de sostenibilidad y ética en la acuicultura.
Quien lidera este proceso es Berta Contreras Matus, gerente técnico y de cadena de suministro de Cermaq Chile. De profesión Bioquímico Marino de la Pontificia Universidad Católica de Talcahuano y MBA de la Universidad del Desarrollo, cuenta con más de 25 años de experiencia en cargos estratégicos dentro de la industria. Hoy, desde su rol, empuja un cambio cultural que pone en el centro a los peces y su cuidado.
Una visión que parte desde los peces
“Lo primero que entendimos fue que la sostenibilidad en nuestro negocio comienza con los peces. Sin ellos, nada de lo demás, ni el cuidado del medioambiente, ni el impacto social positivo, ni la rentabilidad, tiene sentido”, explica Contreras en la entrevista radial de VC Magazine.
Esa convicción fue la base para que Cermaq Chile se convirtiera en la primera salmonicultura en el país en alcanzar la certificación internacional Certified Humane, un reconocimiento que acredita el compromiso con una acuicultura ética, responsable y de clase mundial.
La obtención del sello fue un trabajo de años, en el que participaron equipos internos, consultores externos y referentes internacionales. “Nos demoramos casi tres años en desarrollar el estándar propio que dio forma a la certificación. Tuvimos que definir qué es bienestar, cómo se mide, cómo se explica y cómo se diagnostica en los peces. No fue un proceso de escritorio, sino que se construyó con el aporte de operarios, técnicos, asesores y especialistas en certificaciones de otras especies animales”, relata la especialista.
El desafío de pensar en los peces como seres vivos
Durante la entrevista Berta Contras reconoció que de los aspectos más complejos fue cambiar la forma en que se perciben los peces. A diferencia de otros animales, ellos no pueden expresar dolor o incomodidad. “Lo más difícil fue aprender a observar su comportamiento y entender qué nos están diciendo sin palabras. Descubrimos que nuestros operarios tenían mucho que aportar, porque son quienes alimentan día a día a los salmones y notan cambios en sus hábitos”, recuerda la ejecutiva.
Ese aprendizaje permitió diseñar prácticas que van desde limitar el tiempo que un pez puede estar fuera del agua —no más de 15 segundos— hasta incorporar un “sacrificio noble”, en el que el proceso de faena se realiza con el menor estrés posible.
Los resultados son tangibles: peces menos estresados, mejores tasas de sobrevivencia, menor merma y productos de mayor calidad. En palabras de Berta, “un pez sin estrés es un pez que crece mejor, se alimenta de forma más saludable y se transforma en un alimento premium para los consumidores”.
Innovación y tecnología al servicio del bienestar
La certificación no fue un punto de llegada, sino el inicio de un proceso transformador. Cermaq Chile está incorporando nuevas tecnologías para reducir el manejo de los peces y evitarles estrés innecesario. Entre estas innovaciones se cuentan sistemas de monitoreo en tiempo real con cámaras submarinas, inteligencia artificial para analizar el comportamiento de los salmones y vigilancia remota que permite minimizar la manipulación directa. Además, se renovaron completamente las plantas de proceso, con equipamiento que cumple con los estándares de bienestar animal en todas sus etapas.
“Estamos construyendo nuestro propio estándar interno, con indicadores específicos que nos permitan autorregularnos. Esto cambia la forma en que conversamos con proveedores y socios: toda innovación que ingrese debe cumplir con nuestra política de bienestar animal”, enfatiza Contreras.
Un cambio cultural dentro de la empresa
Implementar un estándar de bienestar animal no solo transformó las prácticas de cultivo, también impactó en la cultura organizacional. Los trabajadores sienten orgullo y pertenencia por formar parte de un proyecto pionero, que sitúa a la empresa a la vanguardia de la industria.
“No se trata de cumplir una norma y ya. Esto genera una cultura. Cuando conversamos con nuestros equipos en terreno, entendimos que muchos de ellos ya tenían una sensibilidad especial hacia los peces. Escucharlos y dar valor a esas observaciones nos ayudó a construir un estándar más sólido y más humano”, comenta Berta.
La capacitación se transformó en un proceso continuo y en permanente evolución, sobre todo frente a desafíos como el cambio climático y la necesidad de transparencia hacia los consumidores. “La presión social por conocer qué hacemos y cómo lo hacemos es válida. Nosotros estamos convencidos de que esa transparencia tiene que ser fidedigna, oportuna y en tiempo real”, sostiene.
Liderazgo femenino en una industria desafiante
El camino recorrido por Berta Contreras también refleja el rol que pueden jugar las mujeres en la salmonicultura, un sector históricamente masculinizado. “Las mujeres en este rubro somos pocas, pero hay espacio para todas las personas con ganas de aportar, porque es una industria muy tecnologizada y diversa. Aquí trabajan desde ingenieros informáticos hasta técnicos acuícolas, todos con un rol clave en la cadena de valor”, afirma.
Para ella, entrar y mantenerse en esta industria requiere coraje, sensibilidad y capacidad de empatía. “A veces debemos aplicar habilidades blandas que nos ayudan a compatibilizar las exigencias del negocio con el cuidado de lo esencial: los peces, las personas y el entorno”, añade.
Una invitación a pensar en el futuro
Cermaq Chile exporta a mercados exigentes como Estados Unidos, Brasil y Asia, donde el valor de certificaciones como Certified Humane es reconocido. Pero más allá de los destinos comerciales, la compañía quiere instalar una conversación de fondo en la industria: el bienestar animal no es un requisito técnico, sino un valor.
“Cuando cuidamos a los peces, cuidamos también el futuro de nuestra empresa, de nuestros trabajadores y de las comunidades. Lo que estamos construyendo no termina con una certificación, es un compromiso que se renueva cada día”, concluye Berta Contreras.
Con su liderazgo, la salmonicultura chilena no solo refuerza su posición en el mercado internacional, sino que también abre un camino hacia una acuicultura más ética, sostenible y consciente del impacto que genera en el ecosistema y en la vida de las personas.


