«La sostenibilidad dejó de ser un atributo reputacional, es una prueba de liderazgo, resiliencia y visión estratégica.»
La sostenibilidad ya no es un complemento reputacional, sino un factor clave para la continuidad de las organizaciones. En esta columna, Gloria Maldonado, directora de ForoInnovación y Conecta Logística, reflexiona sobre cómo el cambio climático, la inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y los riesgos sistémicos están redefiniendo el rol de los directorios, obligándolos a incorporar la sostenibilidad como parte central de la estrategia y el gobierno corporativo.
Durante años, la sostenibilidad fue tratada en muchas empresas como un asunto reputacional, asociado a reportes o iniciativas periféricas. Hoy esa mirada ya no resiste la realidad. La sostenibilidad se ha transformado en una cuestión estratégica y, por lo tanto, en una responsabilidad directa de los directorios.
Lo afirmo desde mi experiencia como expresidenta de directorios y desde la convicción de que el principal deber de un directorio es resguardar la continuidad y resiliencia de la empresa en el largo plazo. Ese mandato hoy exige entender que los riesgos ambientales, sociales, tecnológicos y geopolíticos dejaron de ser variables externas para convertirse en factores determinantes de competitividad.
Vivimos un escenario marcado por una incertidumbre persistente. Las tensiones geopolíticas reconfiguran cadenas de suministro, modifican costos energéticos y alteran mercados completos en cuestión de semanas. La aceleración tecnológica cambia industrias a una velocidad que muchas organizaciones no alcanzan a procesar. La inteligencia artificial, la automatización y la digitalización están redefiniendo modelos de negocio y expectativas de clientes e inversionistas.
A ello se suma un fenómeno aún más estructural: el cambio climático. Ya no hablamos de amenazas futuras, sino de impactos presentes. Incendios, inundaciones, sequías y eventos climáticos extremos afectan operaciones, infraestructura, logística y comunidades. Ninguna empresa puede asumir hoy que estos riesgos son ajenos a su actividad.
Frente a este escenario, el rol del directorio cambia profundamente. Gobernar una empresa ya no consiste únicamente en revisar resultados trimestrales o aprobar presupuestos. Implica anticipar riesgos sistémicos, evaluar escenarios complejos y tomar decisiones con información imperfecta. La sostenibilidad, en este contexto, no es una agenda paralela; es parte central del gobierno corporativo.
Eso exige directorios con mayor diversidad de experiencias y capacidades. No basta con expertise financiero o sectorial. Se requieren miradas complementarias para comprender riesgos climáticos, impactos regulatorios, ciberseguridad e innovación tecnológica. Los directorios que siguen operando bajo lógicas del pasado corren el riesgo de tomar decisiones para un mundo que ya cambió.
También exige una conversación más honesta sobre creación de valor. Durante demasiado tiempo se instaló la idea de que sostenibilidad y rentabilidad eran conceptos en tensión. Mi experiencia indica exactamente lo contrario. Las empresas que integran sostenibilidad en su estrategia suelen desarrollar mejores capacidades de adaptación, fortalecer relaciones con sus stakeholders y comunidades, junto con acceder con mayor facilidad a inversión y financiamiento.
Pero incorporar sostenibilidad de manera seria exige evitar dos errores frecuentes: reducirla a marketing o encapsularla en burocracia.
Las tormentas que enfrentan hoy las empresas no son pasajeras. Son estructurales. Por eso, los directorios que sigan viendo la sostenibilidad como un complemento reputacional estarán tomando decisiones con mapas antiguos para un mundo completamente distinto. La sostenibilidad dejó de ser un atributo reputacional, es una prueba de liderazgo, resiliencia y visión estratégica.


