“Se enamoran del problema y no de la solución”.
El emprendimiento en Los Lagos atraviesa una etapa de transformación marcada por la innovación, la tecnología y una creciente colaboración entre empresas, emprendedores, academia y sector público. Annette Krohn, representante de Endeavor Patagonia, aborda en Empresas con Valor cómo las industrias tradicionales de la región están dando origen a nuevas soluciones y empresas capaces de generar impacto más allá de sus propios negocios.
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En el sur de Chile está ocurriendo algo que va mucho más allá del nacimiento de nuevos emprendimientos. En torno a industrias que durante décadas han sido protagonistas del desarrollo regional —como la acuicultura, agricultura, alimentos, turismo, energía y actividades vinculadas al medio ambiente— comienza a consolidarse un ecosistema empresarial que está agregando nuevas capas de conocimiento, tecnología e innovación.
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Es un proceso que Annette Krohn ha observado de cerca desde Endeavor Patagonia. La organización forma parte de una red global orientada a acompañar emprendedores con potencial de alto impacto, entendiendo ese impacto como una capacidad que trasciende los resultados económicos de una compañía.
Para Krohn, el valor de un emprendedor también está en cuánto logra influir positivamente en quienes lo rodean: su equipo, su familia, sus proveedores, sus clientes, otros emprendedores, su industria y la comunidad.
Endeavor Patagonia reúne actualmente a 33 emprendedores pertenecientes a 15 empresas. Cerca del 60% mantiene una fuerte vinculación con las industrias características de la zona, entre ellas acuicultura, agricultura, alimentos, turismo, medio ambiente y energía. Sin embargo, el ecosistema se ha ido diversificando y hoy conviven esas actividades con compañías de tecnología, retail tech, software como servicio —SaaS— y otras soluciones de base tecnológica.
El propósito de Endeavor es acompañar a estos emprendedores para que puedan acceder a conocimiento, experiencia, redes y colaboración entre pares, no solamente en Chile, sino también a través de una comunidad internacional presente en más de 50 países. La aspiración es que las soluciones desarrolladas desde regiones puedan crecer, cruzar fronteras y generar impacto en otros mercados.
Y en Los Lagos existen señales claras de que esa transformación ya está ocurriendo.
Krohn identifica a la biotecnología como una de las áreas con mayor potencial. Su carácter transversal permite que sea aplicada en distintas industrias relevantes para el sur de Chile, desde producción y alimentos hasta agricultura, acuicultura, actividad forestal, energía y medio ambiente.
A ello se suma el avance de la sostenibilidad, la economía azul y la búsqueda de nuevas formas de aprovechar responsablemente los recursos asociados al mar para desarrollar soluciones que puedan responder a desafíos locales y globales.
La economía circular constituye otro de los ámbitos que está adquiriendo protagonismo. No solamente porque las compañías tradicionales están incorporando circularidad dentro de sus procesos, sino porque también están apareciendo empresas cuyo modelo de negocio consiste precisamente en ayudar a otras organizaciones a reducir residuos, recuperar materiales, optimizar recursos y mejorar sus procesos productivos.
Pero existe otro fenómeno que está cambiando silenciosamente la composición del ecosistema regional: la llegada de emprendedores provenientes de otros lugares.
Después de 16 años vinculada a la zona, Krohn reconoce que pocas veces había observado una dinámica similar. Emprendedores están llegando porque quieren vivir en el sur, porque poseen redes en la región, porque han identificado oportunidades o simplemente porque perciben que aquí existe un espacio desde donde desarrollar nuevos negocios.
El cambio se refleja también dentro de Endeavor Patagonia: entre la pandemia y la actualidad, la organización triplicó el número de emprendedores de su comunidad que viven en la zona. No se trata de que Endeavor haya decidido buscar exclusivamente empresas locales, explica Krohn, sino de emprendedores que eligieron instalarse en el sur para desarrollar sus proyectos.
“Está todo pasando”, resume.
Pero detrás de este crecimiento existe una característica que para Endeavor resulta fundamental: no basta con construir una empresa exitosa. También importa la disposición del emprendedor a devolver parte del conocimiento y las oportunidades recibidas.
Es lo que la organización denomina efecto multiplicador.
Son empresarios que, después de avanzar en sus propios proyectos, dedican tiempo a inspirar, orientar, mentorizar y advertir a quienes vienen detrás. El conocimiento acumulado deja entonces de pertenecer exclusivamente a una empresa y comienza a circular dentro del ecosistema.
Esta lógica puede ser especialmente relevante para Chile. Si el país aspira a avanzar desde una economía fuertemente asociada a la producción y extracción de materias primas hacia una economía capaz de generar mayor conocimiento y valor agregado, necesita empresas que desarrollen soluciones para hacer que sus propias industrias sean más eficientes, competitivas y sostenibles.
Los Lagos ofrece condiciones particularmente interesantes para que aquello ocurra.
En la región conviven empresas de servicios marítimos y portuarios, fabricantes de embarcaciones y compañías vinculadas a sectores productivos tradicionales con empresas de software, biotecnología, sensores, monitoreo en tiempo real y tecnologías especializadas para la industria.
La innovación, por lo tanto, no pertenece exclusivamente a las startups tecnológicas.
Para Krohn, el denominador común está en la mentalidad: empresas que permanentemente observan qué problema viene después, qué proceso puede optimizarse y qué nueva necesidad puede resolverse.
Varias de estas compañías comenzaron hace diez o quince años respondiendo a desafíos específicos de las industrias locales. Durante ese período probaron, corrigieron y perfeccionaron sus soluciones junto a clientes altamente exigentes.
Esa experiencia terminó convirtiéndose en una ventaja.
La acuicultura, agricultura, industria forestal, alimentos e incluso la gastronomía han funcionado como una verdadera escuela para proveedores y emprendedores regionales. Las soluciones que inicialmente fueron diseñadas para resolver necesidades locales han madurado y hoy algunas están en condiciones de ser utilizadas en otros países, especies productivas e incluso industrias diferentes.
Así, empresas que comenzaron vendiendo desde el sur de Chile pueden transformarse en referentes de sus respectivas categorías a nivel nacional e internacional.
¿Qué diferencia entonces a aquellas compañías que consiguen escalar?
Krohn identifica una característica fundamental: “se enamoran del problema y no de la solución”.
La frase puede parecer conocida dentro del mundo del emprendimiento, pero detrás de ella existe una forma concreta de construir empresa. Estos emprendedores no desarrollan durante años una solución aislados de sus clientes para posteriormente intentar venderla. Trabajan junto a ellos, comprenden sus necesidades y desarrollan respuestas a partir de problemas reales.
Esto permite equivocarse menos, optimizar recursos y evitar desarrollar productos que, aunque técnicamente atractivos, posteriormente no encuentran capacidad, tiempo o necesidad de implementación en el mercado.
Existe también una característica financiera que distingue a parte importante del emprendimiento regional: crecer cuidando los recursos.
Muchas compañías han avanzado orgánicamente. Identifican un problema, construyen una solución, consiguen eventualmente un anticipo, acceden a financiamiento o reinvierten recursos de su propia caja. Ese comportamiento les permite concentrar energía en fortalecer el negocio y avanzar gradualmente.
En la Patagonia existe incluso una expresión que resume esta filosofía: “el que se apura pierde el tiempo”.
No significa renunciar a la ambición. Significa quemar etapas en el momento adecuado.
Para Krohn, esa paciencia empresarial puede explicar por qué compañías nacidas en la zona han conseguido robustecer sus soluciones durante años antes de dar pasos de mayor escala. Primero consolidaron clientes, capacidades y equipos; posteriormente comenzaron a mirar nuevos países, alianzas y oportunidades de expansión.
Pero existe un tercer elemento que puede ser todavía más determinante: construir equipo.
Y cuando Krohn habla de equipo no se refiere exclusivamente a las personas contratadas por una compañía. Habla también de construir relaciones con clientes, proveedores y pares.
En el sur existe, a su juicio, una cultura particular en torno a esa forma de relacionarse. La Patagonia ha recibido distintas generaciones de personas que decidieron instalarse en la zona y construir aquí una nueva etapa de sus vidas. De esa historia surge una especie de solidaridad entre quienes llegan: alguien ayuda, abre una puerta, comparte experiencia o extiende la mano cuando otro necesita superar una dificultad.
Ese capital relacional se convierte en un activo económico.
Y es precisamente allí donde aparece uno de los mayores desafíos para el futuro: cómo conectar todavía mejor a grandes empresas, emprendedores, universidades, inversionistas y sector público para transformar esa cercanía en un verdadero ecosistema de innovación.
La respuesta de Krohn apunta hacia una idea que está tomando fuerza en diferentes industrias: avanzar desde una lógica puramente competitiva hacia formas mucho más profundas de colaboración.
Compartir buenas prácticas, incluso entre competidores, puede parecer contradictorio desde una mirada tradicional. Sin embargo, cuando las empresas elevan conjuntamente el estándar de una industria, aumenta su competitividad, mejora su posicionamiento y finalmente cada uno de sus actores puede beneficiarse.
La colaboración adquiere mayor potencia cuando existe un propósito compartido.
Si empresas, emprendedores, academia y Estado coinciden en que una determinada industria necesita fortalecerse, internacionalizarse o avanzar hacia mayores estándares de sostenibilidad, cada actor puede aportar desde su propia función.
El Estado puede habilitar condiciones, desarrollar instrumentos, generar incentivos y apoyar determinadas transformaciones. La academia puede aportar conocimiento y formación. Las grandes compañías pueden abrir desafíos, capacidades y mercados. Los emprendedores pueden desarrollar soluciones con mayor velocidad y especialización.
El desafío no consiste en que todos hagan lo mismo, sino exactamente lo contrario: comprender qué rol corresponde a cada uno y cómo esas capacidades pueden complementarse.
Los Lagos posee además una condición favorable: su ecosistema es relativamente pequeño y está altamente conectado. Eso facilita relaciones de confianza que, en mercados de mayor tamaño, pueden requerir mucho más tiempo.
Pero esa confianza debe cuidarse.
Para Krohn, fortalecer el ecosistema regional no significa encerrarlo sobre sí mismo. La conexión nacional e internacional es indispensable. Cada persona que llega a la región puede transformarse posteriormente en un puente hacia otro mercado, otra industria o una nueva comunidad empresarial.
Recibir, conectar y generar relaciones puede abrir oportunidades mucho más allá de las fronteras regionales.
Es precisamente allí donde emprendimiento e impacto comienzan a encontrarse.
Para Endeavor, el crecimiento empresarial no puede medirse exclusivamente en facturación, número de clientes o expansión geográfica. También importa observar qué ocurre alrededor de una compañía cuando ésta crece.
Ese es nuevamente el efecto multiplicador.
Una empresa genera oportunidades para sus proveedores, clientes y colaboradores; puede fortalecer una industria, compartir conocimiento con otros emprendedores y contribuir al desarrollo de las comunidades en las cuales opera.
El impacto también está directamente relacionado con la calidad del empleo.
Una compañía puede contratar a 20, 100, 400 o 2.000 personas, pero el número por sí solo no cuenta toda la historia. Importa saber en qué condiciones trabajan esas personas, cómo son remuneradas, qué beneficios reciben, qué oportunidades de formación tienen y cuál es el ambiente laboral que encuentran diariamente.
A ello se suma otro desafío que comienza a adquirir creciente importancia: ampliar las oportunidades de acceso al trabajo.
Personas con discapacidad o movilidad limitada, así como quienes necesitan reconstruir sus trayectorias después de experiencias complejas, pueden encontrar en las empresas una posibilidad concreta de integración. Para Krohn, incorporar distintas experiencias y capacidades no es solamente una dimensión social: también puede contribuir a construir equipos más diversos y eficientes.
En la zona ya existen organizaciones que trabajan en estos desafíos, generando capacidades y oportunidades para personas que tradicionalmente han encontrado mayores barreras de acceso al mundo laboral.
Esa mirada amplía significativamente la definición de una empresa exitosa.
Una empresa con valor no es solamente aquella que consigue crecer. Es aquella capaz de transformar ese crecimiento en nuevas oportunidades; que innova para hacer más eficiente y sostenible su industria; que reduce impactos, optimiza recursos y disminuye pérdidas; que construye relaciones de confianza con proveedores y clientes; que desarrolla a sus trabajadores y que comprende que forma parte de una comunidad.
Desde la Patagonia, esa visión comienza a tomar forma en un ecosistema donde las industrias tradicionales conviven con biotecnología, software, economía circular, economía azul y nuevas soluciones tecnológicas.
El desafío ahora será conectar esas capacidades.
Porque quizás una de las mayores oportunidades de Los Lagos no esté únicamente en los recursos naturales que históricamente han impulsado su economía, sino en el conocimiento acumulado alrededor de ellos. Décadas resolviendo problemas complejos en acuicultura, agricultura, alimentos, actividad marítima, turismo y otras industrias han generado experiencia empresarial, capacidades técnicas y soluciones que hoy pueden comenzar a viajar desde el sur de Chile hacia el mundo.
En ese proceso, el emprendimiento deja de ser solamente una historia individual.
Se transforma en una herramienta de desarrollo.
Cuando un emprendedor comparte experiencia con quien viene detrás; cuando una gran compañía abre sus desafíos a nuevas soluciones; cuando la academia conecta conocimiento con necesidades productivas; cuando el Estado habilita condiciones para innovar; y cuando empresas que compiten son capaces de colaborar para elevar el estándar de toda una industria, el impacto comienza a multiplicarse.
Ese es quizás uno de los principales mensajes que deja la conversación con Annette Krohn: el verdadero valor de una empresa no termina en sus propios resultados.
Comienza, precisamente, en lo que es capaz de generar alrededor.


