Desde la península de Punta Chilen en Chiloé, una cooperativa de pequeños agricultores ha convertido la tradición del ajo chilote y la papa nativa en un motor de desarrollo rural, innovación y proyección internacional.
La Cooperativa Campesina Punta Chilen, nacida en la isla de Chiloé, ha convertido el ajo chilote y la papa nativa en símbolos de comercio justo, innovación y proyección global.
En la ventosa y verde isla de Chiloé, específicamente en la península de Punta Chilen, la Cooperativa Campesina Punta Chilen se alza como un testimonio viviente de cómo la unión hace la fuerza, transformando la vida de pequeños agricultores a través de la producción y comercialización de tesoros ancestrales: el ajo chilote y la papa nativa. Nos adentramos en su historia y sus logros junto a Andrea Curumilla Curiñán, gerente de esta exitosa cooperativa.
Nacimiento de una necesidad: De la pobreza a la prosperidad compartida
La cooperativa nació en 1997, a punto de cumplir tres décadas de trayectoria en 2027, un hito que marca la consolidación de un sueño colectivo. Andrea nos relata que surgió de una «necesidad que tenían los pequeños agricultores de esta localidad rural» de «poder tener un ingreso extra» a lo que habitualmente hacían. La zona de Punta Chilen era entonces «una de las más pobres de la comuna de Ancud».
Los fundadores, quienes desde siempre habían cultivado el ajo chilote y la papa nativa, se dieron cuenta de que la comercialización conjunta era la clave: «dijeron ‘Bueno esto ya lo sabemos hacer, sabemos cultivar, vamos a buscar ahora una forma de comercializarlo de manera conjunta porque solos es más difícil'». Contaron con el apoyo y asesoría de otra cooperativa, la Cooperativa Archipiélago, lo que les permitió constituirse y formarse en la gobernanza y el negocio.
Una estructura integrada y con sello femenino
Hoy, la cooperativa la conforman 17 socios, de los cuales 12 son mujeres y 5 son hombres. Todos son agricultores y proveedores de ajo chilote y papas nativas para la cooperativa, siendo a la vez los dueños de esta. Es una «empresa verticalmente integrada». Andrea detalla cómo: «tenemos la producción primaria, luego viene el procesamiento que ahí trabajan seis operarias de proceso, pero que a la vez también son socias y mujeres de la cooperativa». Además, en la gestión de venta, comercialización y distribución, dos mujeres lideran el proceso, incluyendo a la propia Andrea y a Eloísa Ruiz, la gestora comercial. Este modelo no solo genera valor compartido, sino también «fuentes laborales en el mismo sector rural».
El propósito que impulsa el éxito: Un precio justo y proyectable
Con casi 30 años de vida, los éxitos son innumerables, pero el principal, según Andrea, es «hacer vivo diariamente nuestro propósito». El objetivo central de la Cooperativa Campesina Punta Chilen es «mejorar la calidad de vida de los pequeños productores». Esto se traduce en ingresos constantes y medibles. «Ellos tienen un poder de compra que es su propia empresa que les paga un precio justo, que logra cubrir sus costos más un margen de ganancia y un pago en efectivo al momento que ellos vienen a vender su materia prima y que es constante en el tiempo», explica Andrea.
Esto permite a los socios «hacer una proyección año a año, temporada tras temporada y decir ‘Bueno, yo voy a plantar esta cantidad de kilos de ajo o esta cantidad de kilos de papa porque tengo un lugar seguro donde yo voy a comercializar y me van a respetar el precio que ya viene acordado de antes'». La cooperativa, al encargarse de la gestión de venta, libera al socio para que «se dedique solamente a producir porque tiene un lugar seguro donde vender».
Además de lo económico, la cooperativa ha sido una escuela de aprendizaje y desarrollo de habilidades. «Todos los socios nos hemos ido capacitando, hemos ido adquiriendo otro tipo de pensamiento, otro tipo de habilidades», dice Andrea. De vender ajos a granel, han pasado a tener «un producto procesado listo para consumir que incluso ha llegado a mercados externos a Europa».
Conquistando el mundo: De Chiloé a Europa y más allá
La ambición de la cooperativa no se limitó a Chiloé. Desde 2005, comenzaron a trabajar con Prochile, la institución de gobierno encargada de promover productos exportables. Andrea recuerda una experiencia transformadora: «A mí me tocó esa experiencia el año 2005 por ahí nos invitaron a una feria que se hacía en Verona en Italia… yo no conocía ni siquiera Santiago, primera vez que me subí a un avión».
Estas misiones comerciales, aunque al principio eran de pura «experiencia», les permitieron afinar el ojo y entender las demandas del mercado internacional. «Fuimos desarrollando una línea de productos porque cuando salíamos al mercado íbamos con una pasta de ajo… pero cuando nos encontrábamos con el mercado, nos decían ellos ‘ustedes no se pueden presentar solamente con una variedad, ustedes tienen que tener una línea de productos para poder presentarse al mercado y con una imagen atractiva porque no sus productos son de tan buena calidad, pero la imagen gráfica no lo refleja'».
Así nació la marca Chiloé Gourmet, y con ella, productos con un diseño atractivo y pensados para el nicho gourmet. El gran logro llegó con la exportación a Bélgica a través del comercio justo, vendiendo su producto durante 15 años de manera ininterrumpida. «Un orgullo tremendo decir que desde una isla del sur del mundo fuimos capaces de llegar con nuestro producto a Bélgica, atravesar todo el océano para llegar a Bélgica y estar vendiendo durante 15 años», expresa Andrea con emoción. Posteriormente, abrieron mercados en Estados Unidos e Inglaterra.
Desafíos y el poder de la negociación
A lo largo de estos casi 30 años, el acceso a financiamiento ha sido una de las mayores dificultades. «Hemos crecido de alguna forma paulatinamente en bajos porcentajes porque el financiamiento de repente es escaso, cuesta acceder cuando tú estás empezando, nadie te conoce», confiesa Andrea. Sin embargo, su marca Chiloé Gourmet ya cuenta con «alrededor de 100 puntos de ventas a nivel nacional» en tiendas y supermercados regionales, lo que les permite tener un flujo de ingresos atractivo para los bancos y postular a fuentes de financiamiento estatales como INDAP, Prochile, FIA, Sercotec, Fosis y Corfo.
Ante la banca, la cooperativa ha aprendido a presentarse con poder de negociación. «Cuando a nosotros nos dicen que no, buscamos otra alternativa y siempre conseguimos nuestro objetivo porque al final cuando tú estás a cargo de la gestión tienes que lograr el objetivo, o sea, cueste lo que cueste», afirma Andrea. Para ella, un crédito bancario es un producto, y la relación con la banca debe ser un «win-win», un «ganar-ganar».
Innovación y proyecciones para 2025
Para 2025, la cooperativa tiene dos objetivos importantes. El primero es consolidar su nueva línea de productos: el «mousse de ajo chilote» en cuatro sabores (aceite de oliva, miel y mostaza, ahumado y merquén), lanzada en 2024. Este producto, creado a partir de la demanda del mercado, «ha sido una de los productos más vendidos» en ferias gastronómicas.
El segundo objetivo es concretar su ingreso al retail a gran escala, trabajando con la cadena SMU (Unimarc) para ingresar a nueve salas de la Región de Los Lagos este año. Además, seguirán fortaleciendo la gobernanza interna y resolviendo los problemas diarios que surgen en la producción primaria.
La Cooperativa Campesina Punta Chilen, desde un rincón de Chiloé, no solo cultiva y procesa productos de la tierra, sino que siembra y cosecha un modelo de desarrollo basado en la cooperación, la calidad y la visión global. Su historia es un recordatorio de que «las grandes transformaciones comienzan cuando cooperamos».


