«Nuestro objetivo era construir una red robusta, inclusiva y sustentable de fomento lector en La Araucanía.»
Sebastián Herrera, presidente del Club de Lectores de la Biblioteca Municipal Mariano Latorre de Pucón.
El Fondo Concursable AquaChile se ha consolidado como una iniciativa que impulsa el desarrollo sostenible de las comunidades donde la compañía está presente. En su octava versión, el programa promueve proyectos nacidos desde los propios territorios, fortaleciendo el valor compartido, la participación ciudadana y la colaboración entre organizaciones sociales, comunidades y empresa.
Hay proyectos que comienzan con una necesidad concreta, una biblioteca que busca convertirse en un espacio más acogedor para los niños, una feria que quiere fortalecer su identidad cultural o una comunidad que necesita mejorar la seguridad de sus vecinos. Pero detrás de cada una de esas iniciativas, también hay algo más profundo: organizaciones comprometidas con su entorno, personas que se movilizan por mejorar la vida en sus territorios y redes de colaboración que hacen posible transformar una idea en una solución real.
Ese es el espíritu que está en la base del Fondo Concursable de AquaChile, iniciativa que este año alcanza su octava versión y que se ha consolidado como una herramienta para fortalecer el vínculo entre la empresa y las comunidades donde está presente. Más que un apoyo económico, el fondo busca impulsar una lógica de valor compartido, en la que el desarrollo local se construye a partir de la colaboración, la confianza y el trabajo conjunto.
La experiencia de años anteriores muestra con claridad ese impacto. En La Araucanía, por ejemplo, una de las iniciativas apoyadas permitió al Club de Lectura de la Biblioteca Municipal Mariano Latorre, en Pucón, proyectar la creación de una red interregional de fomento lector. Sebastián Herrera, presidente del Club de Lectores, explicó que el objetivo era construir “una red robusta, inclusiva y sustentable en La Araucanía”, dando cuenta de cómo un proyecto local puede abrir nuevas oportunidades de articulación y participación cultural.
En Melipeuco, en tanto, el Centro de Padres del Colegio San Gabriel impulsó un espacio de lectura con enfoque intercultural, pensado especialmente para los niños. Su presidenta, Lolia Laurín Zúñiga, resumió con sencillez el sentido de este tipo de iniciativas: “Este taller es para los niños, para que mejoren su lectura y cuenten con un lugar más acogedor. Agradecemos el apoyo que hace posible el proyecto”.
También hay proyectos cuyo impacto se expresa en algo tan cotidiano como transitar con mayor seguridad. En Vilcún, la Junta de Vecinos N°35 priorizó la instalación de iluminación en accesos y tramos de circulación, una necesidad concreta para la comunidad. Su presidente, Víctor Hugo Vargas, valoró que este tipo de respaldo “se siente en la vida diaria” y que los anima a seguir organizándose.
Historias como estas reflejan que cuando las empresas colaboran activamente con las comunidades, el aporte no se limita a financiar una iniciativa puntual. También se fortalecen capacidades locales, se activan redes, se fomenta la organización social y se generan soluciones que nacen desde quienes mejor conocen las necesidades de cada territorio.
Francisco Sandoval, gerente de Comunidades de AquaChile, ha destacado precisamente ese impacto, subrayando que la alta participación y el interés que despierta esta iniciativa responden a la confianza que las comunidades han depositado en el proyecto, y al potencial transformador que tienen las ideas impulsadas desde los propios territorios.
En esa línea, el Fondo Concursable busca seguir siendo una plataforma de encuentro entre comunidad y empresa, donde el trabajo conjunto permita impulsar proyectos con sentido local, pertinencia territorial y beneficios concretos para las personas. Porque el desarrollo sostenible no se construye en solitario, se construye colaborando, escuchando y apostando por soluciones que hagan sentido en cada comunidad.


