Revista VC Magazine
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HABLEMOS DE COOPERAR

CREO: 80 años de energía cooperativa que transforma territorios

Cooperativas que iluminan territorios y transforman comunidades

La Cooperativa CREO en Osorno es un modelo de transformación y resiliencia. Con más de 80 años de historia, ha evolucionado del servicio eléctrico rural a soluciones técnicas avanzadas, manteniendo su esencia cooperativa y su compromiso con el territorio.

En un país tan extenso y diverso como Chile, donde los desafíos de acceso, conectividad y desarrollo han marcado históricamente la brecha entre lo urbano y lo rural, hay iniciativas que logran tender puentes allí donde el mercado no llega. Las cooperativas, con su modelo democrático, colaborativo y arraigado en el territorio, han sido parte de esa solución silenciosa pero poderosa. En la región de Los Lagos, la Cooperativa Creo es un ejemplo vivo de cómo el cooperativismo puede reinventarse, sostenerse en el tiempo y proyectar futuro, incluso en sectores tan exigentes como el energético.

En el marco del proyecto Hablemos de Cooperar, apoyado por Corfo y Patagonia Premium, VC Magazine visitó las oficinas de la cooperativa CREO en Osorno. Allí conversamos con sus líderes y conocimos el recorrido de una organización que partió hace casi 80 años, con el objetivo de llevar energía eléctrica al mundo rural y que hoy presta servicios técnicos especializados a importantes empresas del rubro, manteniendo firme su esencia cooperativa.

La historia de CREO se remonta a 1944, cuando, bajo el impulso del Estado, a través de Corfo, se evidenció la necesidad de electrificar zonas rurales, hasta entonces marginadas del desarrollo. “La energía eléctrica no estaba llegando al sector rural y, por tanto, fue una necesidad muy importante que se logró cubrir a través de los años”, explica Carlos Bustos, exgerente de Telecsa y actual referente clave de la organización. Así se consolidó una red de distribución eléctrica que cubrió más de una decena de comunas en las provincias de Ranco y Osorno, con una gobernanza basada en la participación de los propios usuarios como socios cooperados.

Pero los tiempos cambiaron y también los desafíos. En 1999, la cooperativa tomó una decisión crucial: vender el área de distribución eléctrica a SAESA, ante los altos costos de mantenimiento e inversión que ya no podían ser sostenidos. Este hito marcó un antes y un después, y lejos de significar un retroceso, significó el inicio de una nueva etapa basada en la reinvención. “Fue un hito bastante importante. Se optó por el área de generación de energía”, recuerda Bustos. Así surgió la central hidroeléctrica Capullo y, con ella, una nueva línea de negocio.

No obstante, en 2014, otro viraje fue necesario. Las condiciones económicas y decisiones estratégicas llevaron a dejar atrás también la generación, dando paso a una tercera transformación: el fortalecimiento de servicios eléctricos especializados a través de Telecsa, una empresa creada en 1987. Hoy, con más de 37 años de trayectoria, Telecsa presta servicios a empresas como SAESA y otras, en ámbitos que van desde mantenimiento de subestaciones hasta transmisión, reparación de equipos y atención de emergencias climáticas.

Este modelo de evolución continua ha permitido que Creo mantenga una presencia sólida en el mercado energético, con una mirada puesta en el futuro. “Estamos en el mercado correcto, vamos adaptando nuevas tecnologías, inversiones y el conocimiento de nuestra gente para enfrentar los desafíos que vienen”, afirma Bustos con convicción. Con más de 250 colaboradores y equipos técnicos altamente capacitados, la cooperativa ha logrado ampliar su cobertura y diversificar sus clientes, incluyendo industrias, lecherías, agricultores y contratistas.

Uno de los pilares que ha permitido esta trayectoria es su estructura organizacional. Como toda cooperativa, Creo se basa en una gobernanza democrática, con socios, delegados, asambleas y directorios que toman decisiones estratégicas en conjunto. Actualmente cuenta con cerca de 700 socios activos y más de 6.000 registrados, la mayoría provenientes de la zona de Osorno. “No importa cuántos sean, sino cuántos vamos acercando y ampliando la cobertura hacia ellos”, enfatiza Carlos.

Otro elemento distintivo de CREO es su mirada hacia la equidad de género y la inclusión. En un rubro tradicionalmente masculino, como el eléctrico, la cooperativa no solo tiene un directorio con cerca del 50% de participación femenina, sino que también incorporó a la primera mujer liniera que se conoce en Chile. “Subió postes, reparó líneas y se puso mano a mano con la masa laboral masculina, dio un buen ejemplo de que se puede”, relata Carlos con orgullo.

En cuanto a la estabilidad financiera, Germán Mesas, gerente de administración y finanzas, ha sido clave para sostener el modelo incluso en tiempos complejos. Desde su llegada hace 15 años, ha vivido de cerca las crisis más duras, como la venta de las centrales y la pandemia. “Nuestro mayor recurso es el humano. Hemos aprendido a adaptarnos sin despedir gente, a apretarnos el cinturón, y a mantener el conocimiento que se ha generado”, señala. Su sueño para la cooperativa es claro: “Que esta forma de trabajar se mantenga y que nuevos cooperados generen estos nuevos negocios”.

La visión comercial también ha sido fundamental. Desde Comercial CREO, una ferretería especializada en insumos eléctricos, han sabido capitalizar el conocimiento técnico y convertirlo en una oportunidad de negocio abierta al público general. Según Jorge Oyarzo, gerente comercial, “más del 70% de nuestras ventas son a clientes externos que no están relacionados a la cooperativa”. Esto ha permitido ampliar el alcance, reforzar la presencia territorial en Osorno y mantener el vínculo con los cooperados, quienes acceden a beneficios especiales como financiamiento, descuentos y distribución de insumos agrícolas.

A lo largo de estas décadas, Creo ha demostrado que las cooperativas no son una figura del pasado, sino una alternativa viva, dinámica y resiliente para generar desarrollo local. Su capacidad de adaptación, su enfoque humano, su apuesta por la innovación y su compromiso con el territorio son prueba de que el modelo cooperativo sigue siendo una herramienta poderosa para construir un Chile más inclusivo y equitativo.

“Una convicción que nos mueve es que creemos fuertemente en el cooperativismo, que es un modelo de negocio que permite generar desarrollo”, resume Jorge Oyarzo. Y lo cierto es que, al escuchar la historia de Creo, cuesta no compartir esa certeza. Porque cuando una organización es capaz de reinventarse tres veces en 80 años, de mantenerse fiel a sus valores, de cuidar a sus trabajadores y cooperados, y de seguir creciendo, queda claro que no estamos ante una empresa cualquiera, sino ante una verdadera red de valor compartido.

Las grandes transformaciones comienzan cuando cooperamos. Y en la región de Los Lagos, CREO es una prueba de ello.