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Plan Salmón 2050: la propuesta que busca redefinir el futuro de la salmonicultura en el sur de Chile

Nos dimos cuenta que en Noruega llevaron a cabo un plan que unió a distintos actores para potenciar la salmonicultura

En el sur de Chile, la salmonicultura se instaló en pocas décadas como una de las actividades productivas más relevantes del territorio. Desde la Región de Los Lagos hacia el extremo austral, la industria generó empleo, impulsó servicios asociados y consolidó a Chile como uno de los principales productores del mundo.

 Al mismo tiempo, su rápida expansión abrió debates sobre regulación, uso del borde costero y relación con el entorno. En ese contexto, a fines de 2025, surge el Plan Salmón 2050, una iniciativa impulsada por Rodrigo Wainraihgt, alcalde de Puerto Montt, que busca ordenar la discusión sobre el futuro del sector.

“El Plan Salmón 2025 nace de una pregunta que nos hicimos con el gobernador Santana: ¿qué podíamos hacer para generar más y mejor empleo en Puerto Montt? Nos dimos cuenta que en Noruega hace muchos años llevaron a cabo un plan que tenía por objetivo unir diferentes actores del país para potenciar la salmonicultura y eso los llevó a ser los principales productores de salmón a nivel mundial. Entonces, si Noruega lo pudo hacer, ¿por qué nosotros no?”, explicó Rodrigo Wainraihgt.

Hoy, Chile está posicionado como el segundo productor mundial de salmón, detrás de Noruega. La mayor parte de la producción se concentra en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, donde la actividad sostiene una amplia red de servicios logísticos, portuarios y tecnológicos.

En ciudades como Puerto Montt, su presencia se refleja tanto en el empleo directo en centros de cultivo y plantas de proceso como en las empresas de transporte, exportación y servicios especializados vinculados al rubro. El desarrollo de la salmonicultura, sin embargo, también ha generado cuestionamientos. Durante los últimos años se han intensificado los debates sobre regulación ambiental, planificación territorial y compatibilidad entre la salmonicultura y otras actividades que comparten el borde costero. En ese escenario, el Plan Salmón 2050 plantea la necesidad de proyectar la industria con una mirada de largo plazo.

Más que un programa de medidas específicas, el plan busca instalar un marco de discusión sobre cómo debiera evolucionar la salmonicultura chilena en las próximas décadas. La premisa es que la actividad seguirá siendo relevante para la economía regional, pero su continuidad dependerá en buena parte de su capacidad de adaptarse a nuevas exigencias ambientales, regulatorias y sociales.

ORDENAR EL BORDE COSTERO

Uno de los ejes del plan es el ordenamiento del borde costero. Durante años, el desarrollo de concesiones acuícolas avanzó en paralelo a otras actividades productivas y a espacios destinados a conservación. Esa superposición de usos ha generado tensiones en distintos territorios, particularmente en zonas donde convergen pesca artesanal, turismo, transporte marítimo y áreas protegidas.

La propuesta plantea avanzar hacia una planificación más clara del espacio marítimo, de manera que la actividad acuícola pueda desarrollarse con mayor previsibilidad. En ese contexto también se menciona la posibilidad de relocalizar algunas concesiones, trasladando centros de cultivo hacia zonas con mejores condiciones ambientales y productivas.

El objetivo de esto sería mejorar la distribución territorial de la actividad. y reducir presiones en áreas consideradas sensibles desde el punto de vista ecológico. Para los impulsores del plan, este tipo de medidas permitiría enfrentar uno de los temas que con mayor frecuencia aparece en la discusión pública sobre la industria.

IMPACTO ECONÓMICO EN EL TERRITORIO

El peso de la salmonicultura en el sur de Chile se refleja en su impacto económico regional. En las regiones donde opera, la industria no solo genera empleo directo en centros de cultivo y plantas de proceso, sino también una extensa red de servicios asociados. Transporte marítimo y terrestre, logística portuaria, mantención de equipos, alimentación de peces, servicios veterinarios y tecnológicos, entre otros, forman parte de una cadena productiva que se ha consolidado con el tiempo.

En ciudades como Puerto Montt, Puerto Varas, Castro o Quellón, la actividad acuícola forma parte del tejido económico local. Empresas de distintos tamaños participan en las distintas etapas del proceso productivo, desde la producción hasta el procesamiento y exportación. Esa red ha permitido el desarrollo de proveedores regionales y ha generado empleo en comunas donde las alternativas productivas históricamente han sido más limitadas.

A esto se suma el impacto indirecto en sectores como el comercio, la construcción y los servicios. La presencia de la industria ha impulsado inversiones en infraestructura portuaria, transporte y servicios especializados, lo que ha contribuido a dinamizar la economía de varias localidades del sur austral.

En ese contexto, uno de los desafíos que plantea el debate actual es cómo asegurar que ese desarrollo económico se proyecte en el tiempo y se articule con otras actividades presentes en el territorio.

UNA INDUSTRIA EN TRANSFORMACIÓN

Este plan también pone atención en la gobernanza del sector. Desde las regiones donde opera la salmonicultura existe la percepción de que muchas decisiones regulatorias se toman lejos de los territorios que concentran la actividad. Por ello, el Plan plantea la necesidad de fortalecer instancias de coordinación regional y generar mecanismos que permitan una mayor participación local en la definición de políticas vinculadas al sector.

La relación entre salmonicultura y áreas protegidas es otro de los temas presentes en el debate. En el sur de Chile existe una extensa red de parques nacionales, reservas y otras figuras de conservación. El desafío, según el documento, es establecer criterios claros que permitan resguardar esos espacios y al mismo tiempo otorgar certezas al desarrollo de la actividad productiva.

A nivel internacional, la industria también enfrenta cambios relevantes. Los mercados demandan cada vez más estándares asociados a trazabilidad, sostenibilidad y control sanitario. En ese contexto, el Plan plantea que el sector deberá seguir incorporando innovación tecnológica y mejoras en sus procesos productivos.

Las crisis sanitarias que ha enfrentado la salmonicultura en el pasado también forman parte del diagnóstico. Episodios asociados a enfermedades y problemas productivos evidenciaron la vulnerabilidad del sistema frente a determinados factores biológicos y ambientales. Por ello, el fortalecimiento de los sistemas de control sanitario y monitoreo aparece como una de las áreas que deberán seguir desarrollándose.

En ese contexto, el alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraihgt, ha planteado que el objetivo del Plan Salmón 2050 es abrir una conversación de largo plazo sobre el desarrollo de la industria en el territorio. «Lo que nosotros esperamos es que esto se pueda transformar en una política pública, que le entregue más certeza a la industria y que esto se traduzca en un mayor crecimiento y así más trabajo para nuestra gente, en más beneficios para sus trabajadores desde el punto de vista de salud y seguridad laboral también. Que se traduzca en más recursos para las municipalidades, que haya un esfuerzo mayor de parte de la empresa salmonera que vaya asociado a la entrega de recursos a programas y planes con municipalidades en tema de deportes, recuperación de espacios públicos, salud”, declaró.

Más allá de las medidas que propone, el Plan Salmón 2050 intenta instalar una conversación más amplia sobre el futuro de la industria. La pregunta que plantea es cómo proyectar la salmonicultura en un territorio donde conviven distintos usos del mar y donde la actividad económica debe equilibrarse con la protección de los ecosistemas.

En los últimos años, el sector ha estado en el centro de discusiones legislativas, regulatorias y ambientales. Frente a ese escenario, iniciativas como esta buscan trasladar el debate hacia un horizonte de mayor plazo, donde el foco esté puesto en cómo ordenar el desarrollo de la actividad en las próximas décadas.

Para los actores regionales involucrados en la discusión, el punto central no es solo el crecimiento de la industria, sino la forma en que ese crecimiento se articula con el territorio. De esa relación dependerá en buena medida el rol que la salmonicultura seguirá teniendo en el desarrollo económico del sur de Chile.