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Cuando la señal cae del cielo: la alianza Entel–Starlink que redefine la conectividad en Chile

La alianza entre Entel y Starlink abre un nuevo capítulo para Chile 

La alianza entre Entel y Starlink marca un antes y un después en la infraestructura digital de Chile. Con la llegada de la conectividad satelital directa al celular, el país avanza hacia un modelo donde la señal no depende solo de antenas terrestres, sino del cielo mismo. Un cambio que promete transformar zonas aisladas, fortalecer la seguridad en emergencias y abrir una nueva era tecnológica.

En entrevista con VC Magazine radial, surgió un anuncio que captura miradas y oídos por igual. La conectividad satelital deja de ser tema de especialistas y pasa a las manos de las personas con una tecnología que promete cambiar la relación del país con su territorio. Entel y Starlink sellan una alianza que inaugura una era en la que la señal baja desde el cielo para ofrecer continuidad, seguridad y respaldo en zonas donde antes solo había silencio.

Claudio Anabalón, gerente de Asuntos Corporativos y Relaciones Institucionales de Entel, llega a la conversación con una convicción clara. Chile se transforma en uno de los primeros países del mundo en probar una tecnología que, según afirma, abrirá una nueva frontera. Lo resume con un entusiasmo sobrio cuando dice que “más que ser conejillos de Indias deberíamos sentir orgullo, porque somos el quinto país del mundo que implementa una tecnología de borde que avanza hacia lo que será el siguiente paso de la telefonía celular”.

La arquitectura del anuncio es clara. En una primera etapa, el servicio permitirá enviar y recibir mensajes de texto en zonas sin cobertura terrestre. Más adelante vendrán la mensajería por WhatsApp, la voz y los datos. Todo esto sin cambiar de equipo, sin antenas adicionales y sin depender de dispositivos externos. El teléfono que ya está en el bolsillo se convertirá en un puente directo hacia la red satelital de Starlink. Anabalón lo explica así. “Lo que viene ahora no es solo una evolución del  4G o del 5G. Es una transformación completa. El celular se conecta directamente con los satélites cuando no encuentra una red terrestre”.

La escena es casi cinematográfica. Un senderista en Cochamó que pierde la señal en medio de un valle profundo podrá enviar un mensaje para avisar que está bien. Una familia en Futaleufú podrá recibir noticias de un pescador que trabaja mar adentro. En Tantauco un visitante que no ha dado señales sabrá que su teléfono, siempre que conserve batería y campo visual hacia el cielo, podrá conectar con el satélite y enviar un mensaje de texto que active un rescate o tranquilice a quienes lo esperan. “El teléfono solo necesita energía y cielo abierto. Con eso basta para que encuentre un satélite”, explica Claudio Anabalón.

La alianza no aparece en un vacío. Es parte de un trabajo sostenido que Entel ha realizado en regiones, en territorios aislados y en contextos donde la conectividad es mucho más que un servicio. Hace unas semanas, la compañía realizó una prueba en Valparaíso antes del lanzamiento oficial. Salieron mar adentro por casi tres horas y jamás perdieron la señal terrestre de 5G. La experiencia confirmó un dato clave. Encontrar un sitio completamente aislado de antenas era más difícil de lo previsto. Solo en el desierto de Atacama, en el Parque Nacional Pan de Azúcar, lograron simular un escenario totalmente desconectado para mostrar el potencial del sistema satelital.

Claudio Anabalón recuerda también las pruebas realizadas en Aysén, en el Parque Queulat, donde la geografía imponente permite comprender de inmediato el valor de la comunicación cuando la naturaleza se impone con su escala. En todas esas experiencias hubo un mismo resultado. La conexión se mantenía estable, siempre que el teléfono estuviera cargado y sin obstrucciones hacia el cielo. Incluso el propio aparato mostrará una señal visual donde se indicará que está conectado a un satélite, acompañado de la leyenda Entel Space.

El ejecutivo lo describe como estar viviendo el equivalente moderno a la primera vez que se encendió una ampolleta eléctrica tras siglos de oscuridad. “Estamos probando tecnologías que van a mejorar de manera real la calidad de vida. Lo satelital ya no será un recurso lejano o exclusivo. Será algo cotidiano”, afirma.

La magnitud territorial del proyecto también es significativa. El servicio cubre desde Arica y Parinacota hasta Puerto Williams y se extiende a Rapa Nui y el territorio marítimo dentro de las doce millas. En los polos aún no funciona por razones naturales de navegación de los satélites, pero el mapa de cobertura convierte a Chile en uno de los países mejor preparados para enfrentar emergencias en lugares aislados. Anabalón subraya un punto relevante cuando recuerda que “Chile es un país donde ocho de cada diez catástrofes parecen elegirnos”. Por eso la conectividad no es un lujo, es un recurso vital.

La conversación con Entel no solo se mueve en el terreno técnico. También se asienta en las historias que dan sentido a la conectividad. Cuando ocurre un tornado en Puerto Varas o un deslizamiento en Palena, la primera preocupación es recuperar la comunicación. Allí entra en juego la tradición de Entel, nacida tras el terremoto de 1960, cuando Chile necesitaba reconstruir su red de telecomunicaciones.

Hoy esa vocación se expresa en el programa Primera Respuesta, desarrollado junto a Desafío Levantemos Chile y otros actores públicos. Equipos técnicos se despliegan para restablecer señal durante emergencias y se capacita a cientos de dirigentes sociales para prepararse antes de que ocurra un desastre. “No basta con tener tecnología de última generación. También necesitamos preparar a las personas”, afirma Anabalón. Recomienda acciones simples como avisar rutas antes de entrar a un parque, descargar mapas offline o mantener baterías externas. La tecnología satelital llega para complementar esos cuidados, no para reemplazarlos.

Una parte central del debate moderno en telecomunicaciones es la seguridad de los datos. Al respecto,  Claudio asegura que “todo cambio tecnológico requiere ajustes regulatorios que ya se han trabajado durante años y que resguardan la privacidad. Cumplimos con la normativa y vamos más allá para proteger la información de nuestros clientes”. La alianza incluye protocolos estrictos para que el tránsito entre superficie y satélite mantenga los estándares de protección que exige la legislación chilena.

Otro tema clave es la compatibilidad de los equipos. La buena noticia es que la mayoría de los teléfonos actuales, desde los más básicos hasta los de alta gama, serán compatibles mediante una simple actualización de software. Las marcas liberarán progresivamente las versiones necesarias, proceso que Entel irá comunicando en sus plataformas.

El cierre de un año con nuevas luces

El anuncio de la alianza con Starlink se suma a otro hito simbólico para Entel. Tras siete años de ausencia, la clásica celebración de Año Nuevo en la Región Metropolitana regresa con un espectáculo moderno que combina drones, luces y pirotecnia de bajo impacto. La idea es recuperar un espacio urbano que durante décadas unió a miles de familias en el comienzo de cada año.

Es un cierre coherente para un período en que la tecnología vuelve a tomar protagonismo en la vida cotidiana. La conectividad deja de ser un concepto abstracto y se vuelve tangible, presente y útil. Desde el corazón del sur austral hasta las cumbres de los Andes o las playas de Atacama, el país se ensaya en una nueva forma de estar comunicado.

Lo que ayer era solo una promesa hoy se convierte en experiencia. La señal que antes se perdía en los bosques de Chaitén ahora puede cruzar el cielo. El pescador que navega hacia el horizonte tiene más herramientas para cuidarse. El visitante que camina por senderos remotos podrá avisar que está bien. Y Chile entero descubre que su geografía, extensa y desafiante, encuentra nuevas maneras de conectarse sin renunciar a su naturaleza salvaje.

En ese cruce entre territorio, tecnología y seguridad, la alianza entre Entel y Starlink dibuja un futuro donde la conectividad no solo se mide en barras de señal, sino en posibilidades infinitas que bajan desde el cielo.